Cómo llegar de noche al hostel de Chicago y no perderse en el intento

La estructura cuadriculada de las calles de Chicago facilita las cosas. Sólo hay cuatro direcciones posibles. Los cuatro puntos cardinales. Y dos están descartados. Ahora se trata de saber hacia donde queda el lago y hacia donde el interior de la ciudad. Es bien entrada la noche, he salido desorientado de las tripas del metro y no hay un alma por las calles. Intento relajarme y me enciendo un cigarro. En realidad uno detrás de otro. Tengo que cambiar el pitillo de mano mientras refugio la otra en el bolsillo para que no se me congelen los dedos. Pregunto a una señora que sale también del metro. No tiene ni idea o tiene miedo de que sea un tarado. Sólo hay dos opciones. A la izquierda o a la derecha. Elijo una y me equivoco: después de patear varias manzanas en un silencio helado, reculo y me doy la vuelta. Encuentro una tienda e imagino un atraco, pero entro y compro champú y pasta de dientes. No lo llevaba encima para no tener que facturar equipaje. Al rato estoy a las puertas del hostel justo al lado de uno de los iconos de la ciudad, el metro elevado que da nombre a esta zona de la ciudad. The loop.

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