Las peperas, atractivas pero peligrosas

Lo suelta el taxista:

- Tenga cuidado con las peperas o puede acabar mal la noche.

Y yo me imagino secuestrado por un grupo de amazonas con camisas azules, barbours y pendientes de perlas. La idea empieza a gustarme,  pero el taxista con el que estoy cruzando Cuzco aclara: las peperas son esas mujeres que se te acercan en un bar o una discoteca, te halagan, te tocan un poco por aquí y otro poco por allá, os piráis a un motel cercano y a la mañana siguiente te despiertas en una habitación de mala muerte, con los bosillos vacíos, sin ropa y con la cabeza a punto de explotar. Las peperas disuelven somníferos en tu última copa y luego te desvalijan. Y eso con suerte. El taxista cuenta que hace unos meses a una pepera se le fue la mano con el Rohypnol y el pobre desgraciado acabó tieso en la cama. No me preocupa. Desde que llegué a Cuzco paso las noches en el hostal charlando con un par de pirados. Pero esa es otra historia.

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