La Ruta 66: Un viaje fotográfico de Chicago a Los Ángeles

A mediados de los años 50 el fotógrafo suizo Robert Frank recorrió la Ruta 66 que une Chicago con Los Ángeles. El fruto de ese trabajo es uno de los libros más prestigiosos de la fotografía del siglo XX, The Americans.. Cinco décadas después y unidos por la admiración a Robert Frank, dos jóvenes fotógrafos alaveses, Adrián Ruiz-Hierro y Josu Izarra, decidieron tomar sus cámaras y retratar los Estados Unidos a través de lo que aún queda de la vieja cicatriz de la 66. Sus fotografías son un relato personal, intimista y en ocasiones dramático de una aventura que duro 16 días y 8.000 kilómetros de carretera. Éste es el artículo que escribí hace un tiempo para la revista Local Art y las fotografías son propiedad exclusiva de sus autores.

No son Jack Kerouac ni Neal Cassidy. Ni falta que hace. Hoy en día nadie quiere ser un escritor alcohólico con flebitis o un bufón adicto al sexo. Por mucho nombre que tengan. Así que no son ni uno ni otro pese a que vayan a recorrer sus pasos a través de la Ruta 66. Son Adrián y Josu. Dos tipos en esa edad que precede a las grandes decisiones. Digamos que tienen entre veintiséis y treinta y dos años. Con eso es suficiente. Y son fotógrafos. Es decir, se dedican profesionalmente a la fotografía. Siempre habrá algún listo que diga que es pan comido, que vaya curro. Si ahora con una cámara digital está chupado. Pero no. Tú sabes sacar fotos a la Torre Eiffel y ellos saben sacar fotos alucinantes. Por eso tú eres un turista y ellos son fotógrafos. El caso es que Josu ha estado un par de veces en Estados Unidos y quiere volver. Un día le dice a Adrián si le apetece irse con él y le responde sin pensárselo dos veces. Cogen los billetes y se plantan en Chicago.

Se supone que están de vacaciones. Están de vacaciones porque han cogido los días estipulados en la legislación laboral, pero van a sacar fotos. Y no en plan Torre Eiffel, sino fotos alucinantes. Así que técnicamente están de vacaciones pero no del todo. Son de esa clase de gente afortunada a la que le gusta su trabajo. A la que le gusta de verdad. Vamos que si eres un auditor y vas a Estados Unidos no dedicas tu viaje a auditar las cuentas de las principales empresas del estado de Arkansas. Pero ellos sí. Ellos van a sacar un montón de fotos. Adrián lleva una Hasselblad y Josu una Nikon. La de Adrián es analógica, o sea, hay que meter un carrete y luego revelarlo. La de Josu, en cambio, es digital. Con tarjeta de memoria y todo eso. Aunque es lo de menos. Acaba de decir un tipo en la tele que es como pensar que con una pluma vas a escribir una novela mejor que si la escribes a lápiz.

Alquilan un coche. Un Chevrolet 4×4. Les sale al mismo precio que uno normal y se deciden por el 4×4. Un Chevrolet 4×4 suena a coche grande, pero en Estados Unidos les adelantan coches con ruedas tan grandes como su 4×4. No pueden pasar de 100 kilómetros por hora. Pero claro, ¿quién puede conducir 16 días seguidos a esa velocidad? De vez en cuando pisan el acelerador y tienen suerte. No hay patrullas con luces ni sirenas ni un poli que se acerca y te dice que mantengas las manos sobre el volante. Ni nada de eso. Tienen suerte porque al parecer lo de las pelis es verdad. En los cruces no se enteran. No saben quien tiene que ceder. Te miras con el conductor de la otra esquina y pasas. O pasa él. Hay un montón de gasolineras por todos los sitios, pero una vez se confían y por poco se quedan varados en medio de ninguna parte en plena noche. Es uno de esos momentos en los que recuerdas unas cuantas películas sangrientas. Pero los tíos tienen suerte otra vez y llegan con el depósito vacío a un pueblo con un nombre que no recuerdan.

La Ruta 66 tiene 4.000 kilómetros y ellos recorren 8.000. Aprovechan para visitar otros lugares, pero también se pierden. Se pierden bastante. Pero no es culpa de ellos. Es culpa de la ruta y de los mapas. La Ruta 66 es muy vieja y hay tramos que se los ha comido la tierra o las autopistas. Estás conduciendo y de repente la ruta se acaba. Literalmente. Y tienes que dar la vuelta. O vas conduciendo y al rato estás en medio de un rancho privado. Y piensas que el dueño del rancho se va a enfadar por tener a dos pardillos metiendo la nariz donde no deben. Y tienes que dar la vuelta. O el mapa dice que gires a la derecha, pero en realidad tendrías que haber girado a la izquierda. Total, la Ruta 66 tiene 4.000 kilómetros y recorren 8.000. Eso y que aprovechan para visitar otros lugares.

Adrián y Josu sacan fotos continuamente. Sólo paran para comer, dormir y sacar fotos. Sobre todo paisajes. Es lo que más les impresiona. Esa especie de horizonte infinito que escupe una carretera recta e interminable. Son conscientes de que se mueven porque ven pasar las nubes. Y porque Missouri es verde y Nuevo México marrón. El resto es una llanura inmensa allá donde mires. Y la carretera tan recta e interminable que en una ocasión van conduciendo y los dos están fotografiando paisajes por la ventana sin hacer caso al volante pero no les pasa nada. La carretera es recta y los tíos tienen muchísima suerte. Pero mucha suerte.

Pasan por Oklahoma. Por Texas. Por Arizona. Esos estados en los que te imaginas a los malos de la serie de Chuck Norris escupiendo tabaco y bebiendo bourbon. O a moteros de Los Ángeles del Infierno huyendo después de haber matado a un negro en un concierto de los Rolling Stones. O a camareras delgadas sirviendo café siempre con una sonrisa en la cara. Bueno, eso es cierto. En el camino se topan a muy buena gente. Les saludan por la calle. Hi, guys, how´s it going. Les saludan desde los coches. Les preguntan por España, aunque la mayoría no saben localizarla en el mapa. Son provincianos, ultrarreligiosos y votan a Bush. Pero son majos. Chuck Klosterman dice que en Nueva York la gente es infeliz a propósito porque la infelicidad les hace parecer más profundos. Al diablo con Nueva York. Aquí te saludan por la calle.

La Ruta 66 es como el Camino de Santiago, pero sin toda esa parafernalia new-age de Paulo Coelho. Y sin albergues. Ni tanta gente. Ni te firman en una cartilla. Ni te salen ampollas. Bueno, vale, quizás la Ruta 66 no sea como el Camino de Santiago, pero es una peregrinación. No se sabe muy bien por qué ni hacia donde, pero es una peregrinación. En la carretera, Adrián y Josu paran y entran en un mini-museo de la ruta. Una mujer con un chaleco de la Ruta 66 les enseña su bien más preciado. Un árbol del que cuelgan botas. Sí. Botas para los pies. La mujer está de lo más orgullosa y les obliga a firmar en el libro de visitas. ¿A qué chifladas como ésta no hay en el Camino de Santiago? Bueno, alguno sí. Pero en el Camino no hay el típico sitio donde un escritor superfamoso se emborrachó y se rompió la crisma con otro tipo que iba a ser un escritor menos famoso. Ni hay gasolineras abandonadas. En la Ruta 66 hay gasolineras abandonadas por todas partes. Son las capillas de esta road-peregrinación-movie. Paras, intentas pensar en algo trascendente, no lo consigues y te vas. A Adrián y Josu les hace gracia. Hasta que empieza a ser aburrido ver gasolineras abandonadas. Es como en Roma. Se supone que te encanta, pero en realidad estás hasta el gorro de ver las mismas ruinas doscientas veces.

Durante el viaje todo es grande. XXL. Pides un café y te traen un balde. El menú grande del McDonalds podría alimentar a una familia entera durante una semana. Los paisajes son en Cinemascope. Todo es grande como las ruedas de los coches esos que te adelantan por la carretera. Y en las camas de los hoteles puedes dormir de lado sin que se te salgan los pies de las sabanas. Lo de los hoteles es la leche. Son como en las películas. Calcados. Como en Psicosis pero en color. De una planta, con la plaza de aparcamiento frente a la puerta de tu habitación y una moqueta siniestra. Adrian y Josu casi nunca hacen caso a la Lonely Planet, pero un día entran en un hotel recomendado por la guía y vaya nochecita. No se atreven a salir de la habitación porque afuera hay una pelea entre mejicanos y las peleas entre mejicanos dan mucho respeto. Más que las peleas entre suizos seguro. Se oyen cristales rotos y llega la poli. Qué mal rollo. Y dentro de la habitación el panorama no es muy halagüeño. Resulta que a diez metros de la pared junto a la que duerme Josu, están las vías del tren de Santa Fe. Y el tren pasa cada diez minutos, o eso le parece a Josu. Y cada vez que pasa a diez metros de su cama suena un pitido horroroso. Un infierno. Pasan la noche como pueden y piensan que la próxima vez le va a hacer caso a la Lonely Planet Rita la Cantaora.

Ya están en el Oeste. Han parado en el Grand Canyon, pero no les impresiona. Tampoco es para tanto, piensan. Así que se van cuanto antes. Llegan a Las Vegas. Vaya prostíbulo en medio del desierto. Luego a Los Ángeles y al final una semana de descanso en Santa Mónica. En Venice Beach. Es muy pijo. Y caro. Pero se merecen un descanso. Se me ha olvidado contarlo, pero a Adrián le ha dado un ataque de ansiedad de esos que no puedes respirar. Han tenido que ir a un hospital sin seguro y claro en Estados Unidos en un hospital sin seguro, o pagas o adiós muy buenas chaval. Qué esto no es España y no sales en las portadas de los periódicos. No le queda sino pagar. Son 1.200 euros por un electro y dos ibuprofenos. Adrián no sabe exactamente por qué pero al final le cobran 600 euros. Estos tíos sí que tienen suerte. Y unas fotos alucinantes.

5 thoughts on “La Ruta 66: Un viaje fotográfico de Chicago a Los Ángeles

  1. Buenísimo el post, Iker. Ya me he reído y, lo que es mejor, ha acrecentado mis ganas de hacer la Ruta 66 el año que viene (que éste, al final, no he podido)

    Un saludo!!

    Y sí, ¡qué suerte y qué fotos!

  2. Buenisimo!! yo tengo muchas ganas de hacer la ruta…si la hago, ya se algo mas sobre los hoteles de las revistas. Que se aloje alli Rita! 😉

  3. Gracias. Seguro que cualquier hotel de carretera que no sea tan barato como para parecer sospechoso es bueno. Eso sí, mira bien que no haya unas vías de tren al lado. :-)

  4. que reportaje tan bueno de iker y las fotazas de esos dos alaveses intrepidos, ¡gran experiencia!

  5. Una información muy útil acompañada por unas fantásticas fotos. Enhorabuena!!
    Me ha recordado a mi viaje por USA que hicimos en septiembre de este año y donde disfrutamos de un pequeño tramo de esta histórica ruta.
    Cuento mi experiencia en mi web, os invito que le echéis un vistazo.
    Saludos.

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