Luang Prabang, Laos: visitando la capital espiritual de Asia

Luang Prabang - Monje en puente
Luang Prabang fue la cuna del primer reino lao en 1353, el “Reino del Millón de Elefantes” y es la capital espiritual del país, preñada de templos y monjes budistas que caminan pausados de un lugar a otro. Pero Luang Prabang no es tan silenciosa como antes. El mantra de los monjes comparte las tardes con el ronquido de las motocicletas. Cada vez hay más turismo, pero sigue siendo un lugar especial. Yo iba para dos días y me quedé unos cuantos más, simplemente paseando, tomando cerveza y charlando con la gente. Aquí os dejo algunos de los extractos de mi diario de viaje.

Luang Prabang - templo2

Conversaciones con un monje

Sanguan tiene 17 años y lleva tres como novicio en uno de los templos cercanos a Wat Xien Thong, el más destacado de todos los templos de la pequeña península que forman el río Mekong y el Nam Khan. Nos hemos saludado al cruzar la mirada y me ha invitado a pasar. Habla un decente inglés. Juraría que es mejor que el mío. Se lamenta porque tenía un amigo que le enseñaba inglés pero se ha largado a otro monasterio. Y lo único que le queda es una libreta donde tiene escritas varias frases religiosas y una lista de frutas y vegetales. Todavía va a estar un año más en el templo, aunque le gustaría estudiar y no tiene dinero. Informática o alemán. Estamos sentados a la sombra de un árbol. Le pregunto por su familia. Son campesinos. Pobres. Viven a unas 4 horas en tuk-tuk (no sabe decirme a cuantos kilómetros) y no los ha visto en cinco meses. A finales de la semana que viene termina el retiro de la época de lluvias y podrá salir del monasterio. Así que volverá a casa a visitar a su familia. Insiste en que quiere estudiar. La otra alternativa es trabajar de sol a sol. Lleva su vestimenta naranja, una bolsa con libros, unas sandalias y poco más.

Luang Prabang - mercado alimentos

¿Nirvana o malaria?

Luang Prabang provoca un efecto onírico. Como un sueño reparador. La humedad, el silencio y las turbias aguas de los ríos te dejan en un estado de vigilia, denso como si te hubieras fumado un buen puñado de marihuana. No caminas. Rozas el suelo y los sonidos llegan amortiguados. No tienes que andar si no quieres y tampoco hace falta quedarte parado si no lo deseas. Tan sólo tienes que seguir el ritmo de las horas caminando sin destino, escuchando el borboteo de los barcos que cruzan el río y los resoplidos de los laosianos que duermen en colchones tirados en el suelo. Ando cada vez más despacio y empiezo a saludar a todo el que me cruzo. Sudo pero las gotas que caen por mi espalda son mías y de nadie más, me refrescan y ya no me molestan. Todo lo que necesito es un libro y una beerlao fresca. ¿Estoy rozando el Nirvana? ¿Simplemente achispado por la cerveza? ¿O con los primeros síntomas febriles de la malaria?

Luang Prabang - Buda

Una noche de sábado

Saturday night. Sulo. 19 años. Sus padres son campesinos. tiene 6 hermanos pequeños y una hermana casada y con hijos.

– ¿Qué haces los sábados por la noche?

– Dormir o trabajar.

– ¿Cuánto trabajas?

– Todos los días desde hace 35 días. Desde que dejé la casa de mis padres en el norte de Luang Prabang.

– ¿Y cómo es ese pueblo?

– Tiene campos de arroz y árboles.

– ¿Y aquí dónde duermes?

– En una tienda de campaña dentro de la guesthouse en la que trabajo durante el día.

– ¿Cómo os divertís por aquí?

– Los sábados por la noche subimos al Mount Phou Si.

Luang Prabang - Mount Phou Si

El monte Phou Si está justo en el centro de la ciudad. Es una pequeña montaña a cuya cima se llega después de soltar 20.000 kips y subir escaleras el tiempo suficiente para empapar de sudor la camisa. Dentro de toda esa panoplia turística emborrachada de adjetivos, hay una cosa en la que las guías coinciden y es imprescindible: el atardecer desde el monte Phu Si. La luz es especial, el sol se pone justo detrás del Mekong y lo único que molesta es la marabunta de gente que ha tenido la misma idea que tú. Así que me siento tranquilo mirando hacia el otro lado, al Wat Phol Phao, un templo reluciente entre la arboleda verde que ocupa el horizonte. Anochece y los mosquitos se lanzan al ataque. En el descenso brilla la manta roja del mercado nocturno.

Luang Prabang - Mercado nocturno

El mercado nocturno es silencioso. Los vendedores no te llaman. Y si lo hacen apenas levantan la voz. Buscan tu atención como si pidieran perdón.

Luang Prabang - Mercado nocturno2

La lucha de clases no anda por aquí

Más de 30 años después de la instauración del comunismo, lo de la igualdad y la justicia no tienen mucho sentido aquí. Quiero decir que ni se ven comunidades colectivizadas ni entusiasmo proletario. Más bien todo lo contrario, clases que coexisten animadas por la economía de mercado. En menos de 500 metros puedes cruzarte con niños sucios y descalzos junto a chavales relucientes en los asientos traseros de toyotas aparcados a la puerta de relucientes casonas. Cabañas de madera de un lado y chalets de dos plantas de otro.

En bicicleta

He alquilado una bicicleta y he tomado una de las carreteras que lleva al aeropuerto. Es la una de la tarde. Así que hay un montón de chavales volviendo al colegio en bici. Dos y hasta tres en cada bici. Todos con pantalón negro largo y camisa blanca. Sonriendo. Echo carreras con ellos y hago como que me dejo ganar. Los tuk-tuks pitan. Algunos críos llevan mascarillas o se tapan la boca con un pañuelo. No es por la gripe A. Es por los nubarrones negros que eructan algunos camiones. Casi nadie pita y parece haber un orden interno dentro del caos de motocicletas, bicis, carromatos y coches que se cruzan en todas partes. La brisa, aunque cálida, refresca mientras el sol sigue aguijoneando mis brazos. Cambio de dirección y giró hacia el sureste.

Luang Prabang - en bici

He aparcado la bici junto al río y he pedido una cerveza. Unos chavales laosianos me invitan. Echan hielo a la cerveza y picotean una especie de berros crudos. Sonríen. Hablamos en inglés. Todo el mundo estudia inglés aquí.

Luang Prabang - Tomando cervezas

Librerías de diseño

Esta tarde he estado en una librería. Tienen los libros plastificados. No puedes ojearlos. Vaya puta mierda. El negocio lo lleva un guiri. ¿Cómo quiere que la gente compre un libro si no puedes leer ni las dos primeras líneas?

Una tarde cualquiera

Los niños juegan con pequeños petardos o fuegos artificiales más ambiciosos en la orilla del Nam Pak. Un mechero en las manos y mucho ruido. Otros lavan las motocicletas de sus padres. Cerca un chaval con una gorra se divierte con aviones de papel mientras intenta vender souvenirs a los turistas.

Street food suena mejor que comida callejera

Es curioso la de viajeros vegetarianos que hay en Luang Prabang. Los ves sentados en puestos bajo el letrero “Vegetarian Food”. 5.000 kips, el plato. Ahí están los guiris alternativos, todos juntos comiendo ensaladas y arroz. Supongo que quieren salvar al mundo de su destrucción, claro que sus dólares van a parar a la industria turística mejor organizada. Quiero decir que si comieran una sopa extraña y un pedazo de pollo en cualquier garito callejero regentado por una abuela con sus nietos enredando en las piernas, esos 5.000 kips quedarían en una familia que los necesita. Creo que a eso se le llama comercio justo.

Luang Prabang - comida callejera

En Luang Prabang no existen restaurantes lao como tal. Es decir, hay garitos pseudo-modernos pero dirigidos a los guiris. El resto son una ristra de puestos callejeros donde puedes sentarte en un estrecho banco o llevarte algo de comida en una bolsa de plástico. Los hay de varios tipos. Una viejecita sentada dando vuelta y vuelta con las manos a una especie de salchichas blancas. También hay baguettes que puedes rellenar con lo que quieras. Y la carne de búfalo o pollo asándose. Y después quedan las mujeres con delantal sentadas sobre un mesa con un mantel roído. Sobre la mesa, un montón de tupper de donde puedes servirte todos tipo de sopas. Yo me escondo en los callejones oscuros perpendiculares al mercado de Sisavangvong y sigo jugando con la salud de mi estómago a base de más y más picante.

Luang Prabang - guindillas

Dicen que tengo veneno en la piel

El repelente de mosquitos es puro veneno. Cuando te lo esparces por la cara, la piel arde con ganas. Y el reloj se está corroyendo. Que le jodan. A partir de mañana, a pelo.

De madrugada

Hoy he madrugado. Son las cinco de la mañana. La hora a la que los monjes desfilan en la calle después de sus oraciones y la gente sale de sus casas para entregarles arroz y fruta. Con eso se alimentan el resto del día. Es la “ceremonia de entrega de las almas”.

Luang Prabang - monjes

Incongruencias. A los mismos guiris que ves facebookeando ávidos en los cibercafés te los encuentras después con pose decimonónica escribiendo postales. ¿Serán para abuelos que no tienen conexión a internet? ¿Es una pose? Las postales son el último reducto de los grandes viajes de antaño. Voy a comprar una.

Luang Prabang - sandalias

Luang Prabang - Monje con paraguas

Luang Prabang - templo

6 thoughts on “Luang Prabang, Laos: visitando la capital espiritual de Asia

  1. Hola, Iker.
    No tenía ni idea de que tenías este blog. Lo he encontrado por casualidad haciendo una búsqueda, porque en Agosto voy a Laos de vacaciones… Te conozco de la radio, suelo oír la SER.
    Bueno, sólo quería comentarte algo sobre este trozo de tu texto “Ahí están los guiris alternativos, todos juntos comiendo ensaladas y arroz. Supongo que quieren salvar al mundo de su destrucción, claro que sus dólares van a parar a la industria turística mejor organizada. Quiero decir que si comieran una sopa extraña y un pedazo de pollo en cualquier garito callejero regentado por una abuela con sus nietos enredando en las piernas, esos 5.000 kips quedarían en una familia que los necesita. Creo que a eso se le llama comercio justo.”
    Yo soy vegetariana desde hace años y este tipo de comentarios son habituales e injustos. Supongo que hay mucho iluminado por ahí, pero el 99% de los vegetarianos sólo somos gente normal que ha decidido que no es necesario explotar y torturar animales para estar sano (porque no lo es). Yo personalmente he comido comida vegetariana en India, en Tailandia, en el Himalaya, y no creo haber estado explotando a nadie, todos los que me dieron de comer eran gente normal, guesthouses familiares, o simplemente restaurantes normales. Tampoco me considero “alternativa” por ser vegetariana, sólo es una opción personal. El hecho de que muchos aprovechemos para disfrutar de la comida en muchos países de Asia es simplemente porque en este santo país (y me da igual Euskadi que España) no hay ninguna cultura al respecto, de hecho es virtualmente imposible comer vegetariano en el 90% de los restaurantes, y sin embargo en Asia es facilísimo y nadie te mira como si fueras un bicho raro. Tu comentario es uno más, de tantos, que confirman esta realidad. Sin más…
    Aparte de esto, me gusta el relato. Espero que no te moleste mi comentario y ojalá pongas más entradas. Yo estoy deseando marchar a Laos en Agosto, y me está gustando leerte, si me olvido de lo desacertado de ese párrafo. Espero que después de leer “otro” punto de vista empieces a mirar de otra forma a los muchísimos vegetarianos que encontrarás si sueles viajar por ahí.
    Un saludo.

  2. Hola Begoña.
    Disculpa si algo de lo que he escrito te ha molestado. Nada más lejos de mi intención criticar a la gente que apuesta por una dieta vegetariana. Releyendo el post es verdad que podría haberlo expresado de otra manera. En realidad, lo de la comida vegetariana era la anécdota (quería mencionar el cartel en inglés de “vegetarian food”).
    Lo que realmente quería hacer era hablar de esos restaurantes (sean vegetarianos o no) que adoptan un ambiente alternativo para que los mochileros nos sintamos a gusto creyendo que estamos viajando de forma diferente. Cuando la realidad (sobre todo en Laos) es que están regentados por extranjeros o laosianos con mucha pasta que explotan a chavales llegados del campo. Justo al lado, en unos callejones perpendiculares al mercado nocturno hay abuelas, amas de casa y familias que cocinan sus platos (por cierto, la mayoría vegetarianos) y que necesitan el dinero más que otra mucha gente. Mi intención era esa: escribir sobre las contradicciones a las que se enfrenta un mochilero. A las que me enfrento yo mismo cuando viajo.
    El resto no es más que un texto que quizás genera confusión sobre lo que quiero decir. Vamos que no me he sabido expresar. Bueno, en realidad esos extractos son literales del cuaderno de viaje que escribí. En mi descargo, ese párrafo en concreto fue escrito después de 3 cervezas beerlao (de medio litro), unas cuantas pastillas contra la malaria y 38 grados de temperatura con 100% de humedad. :-)
    Siento que te haya molestado y gracias de verdad por leerme.
    Un abrazo.

  3. No problem, Iker. Como te decía, somos gente normal :-) y como tales tenemos sentido del humor, y por otra parte estoy segura de que no había intención realmente negtiva en tu comentario. Son atavismos del lenguaje a los que nosotr@s estamos más que acostumbrados.
    Estoy muy de acuerdo contigo en todo lo del “supuesto turismo alternativo” y lo mucho que apesta… Todo el mundo haciendo lo mismo en los mismos sitios con la Lonely Planet bajo el brazo… Todo el mundo corriendo para poder visitar el mayor número de sitios (coleccionistas de visados)… pero sin asimilar casi nada.
    Tomo nota de tu recomendación sobre los callejones cerca del mercado. Entiendo que te refieres a casas particulares donde te pueden servir comida si la pides ¿no? Pues me encantará pasarme por allí y ayudarles a ganar unos kips.
    Un saludo y sigue escribiendo cosillas de Laos!!!

    ¿Te importa si te hago alguna consulta por mail? En breve nos estaremos metiendo en serio a preparar el viaje…

  4. Por supuesto Begoña. Me encanta hablar de viajes y si te puedo ayudar, mejor que mejor. Por aquí estoy. Un abrazo.

  5. Hola Iker y Begoña,

    De alguna manera yo tambien he caido en este blog por casualidad. He leido el comentario de Begoña y me encuentro en la misma situacion, tambien me parece desacertado y despectiva esa forma de hablar de los vegetarianos, pero me da igual.

    A diferencia de Begoña he estado en Laos y en Luan Prabang. Cuando llegue no tenia planes en cuanto al tiempo que me iba a quedar pero el pueblito me atrapo y me quede mas de la cuenta, 12. En esos doce dias, purulee, conoci gente, hable con monjes y barqueros (que te echan los tejos sin el menor pudor). Hablo por los codos, no lo puedo evitar, asi que al final conoci a bastantes de los transeuntes de la calle principal, los coreanos que ensenaban photosop, la senora que recogia botellas de plastico, la que me daba de desayunar, el fotografo catalan afincado en Bangkok… etc

    Igualmente comi en numerosos sitios, en callejones y restaurants arreglados. En los paises que visito me gusta ir a un restaurante bueno al menos aunque luego me atiborre a noodles y cualquier fritanga que encuentre por el camino.

    Escribo porque creo que lo de “la industria turística mejor organizada” puede llevar a muchas confusiones e ideas erroneas. Uno pudiera pensar que en la calle principal de este pueblito se va a encontrar hoteles melia donde alojarse, starbucks, prêt a manger y cualquier otra cadena para tomar un café como si se pasease por Oxford Street y no es asi. Laos es un pais comunista y lo que se ve son restaurantes independientes.

    Me parece importante diferenciar entre el turismo organizado y los bares y restaurantes independientes. Lo que se encuentra en Laos, no solo en Luan Prabang, es esto segundo mas a menudo que lo primero. De hecho las cadenas de comida rapida no tienen presencia alguna en el pais debido al regimen politico.

    http://www.nationsencyclopedia.com/economies/Asia-and-the-Pacific/Laos-POLITICS-GOVERNMENT-AND-TAXATION.html

    En cuanto a los restaurantes independientes no veo ningun problema en comer en ellos. Me da exactamente igual que el dueño tenga mucha pasta, igual si o igual no, exactamente igual que el dueño del Clarete, del Casablanca o del 7. El caso es que en estos restaurantes trabajan camareros y cocineros que son unos puestos que no en occidente pero alli aspiran a conseguir. Por estos trabajos reciben comida, alojamiento y unos €35 mensuales. Suena a poco pero despues de tener los gastos cubiertos en un pais donde el sueldo diario son $2 no es la peor situacion que me he encontrado ni en Laos, ni en muchos puntos de Asia.

    Comiendo en estos restaurantes se da trabajo a mucha gente que lo necesita. Comiendo en los puestecitos tambien, ambos necesitan el turismo ninguno mas que el otro ambos sirven a diferente clientela. La señora que servia noodles para desayunar enfrente del Walkman Village trabaja muy duro sirviendo a su clientela laosiana, tambien su hija que le ayuda despues del colegio y cuando cierran va a vender pulseritas a los turistas. Hay que hacer caja porque cuando llegan los monzones los turistas desaparecen.

    Luang Prabang ha crecido de los 25.000 habitantes de mi Lonely Planet del año 99 a mas de 100.000 y todo gracias a los ingresos generados por el turismo de los que comen todos los propietarios, los camareros, los barqueros y los monjes budistas. Es un punto turistico sin lugar a duda pero la “industria turistica organizada” no lo ha descubierto o el comunismo no les ha dejado pasar, que siga asi!

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