St Bride´s en Londres: la iglesia de los periodistas de Fleet Street

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La iglesia de St Bride´s es la iglesia de los periodistas. O de los periódicos. O de la prensa. Es una modesta iglesia en las traseras de Fleet Street, la calle donde germinó la prensa británica en plena City de Londres. La historia viene de lejos. Todo comenzó en torno al año 1.500 cuando Wynkyn de Worde, el aprendiz del impresor William Caxton, trasladó una imprenta desde Westminster a la esquina de la iglesia de St Bride´s. Su jefe, el tal Caxton, había aprendido las técnicas de impresión en Colonia y había levantando una imprenta en la abadía de Westminster. Allí imprimió cerca de 100 libros de todo tipo. Para su jefe era un hobby pero el joven Wynkyn decidió dedicarse al negocio cuando Caxton pasó a mejor vida. El traslado no fue casual: el lugar donde ubicó la imprenta estaba cerca de los clérigos de la Catedral de St Paul, la clase “intelectual” de la época. A Wynkyn de Worde le siguieron otros impresores como Richard Pynson o Thomas Berthelet. Con el paso de los siglos la zona se fue consolidando como el centro londinense de la industria editorial. En el siglo XVI se publicaron los llamados “news-books” y en 1702 llegó el primer periódico de edición diaria, el Daily Courant. Y después más periódicos, y más tarde, agencias de noticias y más medios en Fleet Street, hasta convertirse en la calle de la prensa. Ahora todo eso se ha ido al carajo. Quiero decir que todos los medios se han largado de Fleet Street con los trastos a otra parte. Los últimos en marcharse, Reuters en 2005. Supongo que estarán en edificios más funcionales y baratos.

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Cuando llego a St Bride´s son las ocho y media de la mañana de un martes o un miércoles. La City, el centro financiero de Londres, está en plena ebullición de tipos vestidos de negro, con sus zapatos negros y sus mochilas negras caminando como si compitieran por batir el record mundial de “llegar-al-curro-lo-antes-posible”. Yo también voy de negro pero desentono. Primero porque llevo una cámara de fotos, segundo porque no estoy afeitado, tercero porque fumo mientras camino y cuarto porque camino sin prisa. Un turista despistado entre el colesterol financiero que domina las calles. Lo mejor es dejarse llevar. Pillas una fila de brokers de bolsa y como en las escaleras mecánicas de los centros comerciales te incorporas y tomas su ritmo. En esas estoy cuando encuentro la callejuela que me lleva a la iglesia de los periodistas y de repente todo se calma e incluso puedo escuchar el viento contra las ramas de los árboles que rodean la iglesia. La iglesia de los periodistas. ¿Cómo será una iglesia para periodistas? ¿Tendrán el código deontológico en vez de la Biblia? ¿Comulgarán con viejo papel de teletipos? ¿Avisará el párroco del pecado de publicar una información sustentada en una sola fuente?

Entro y se rompe la magia. Afuera las paredes oscuras y el viento sobre las ramas y lo recogido del lugar hacen pensar que dentro espera una oscura e inquietante iglesia. Nada más lejos de la realidad. El templo está forrado con madera demasiado brillante. Es una de esas iglesias a medio camino de todo que salen en los telefilmes de los domingos. Miro a un lado y a otro. Nadie. Espera. En uno de los bancos está sentado un borrachín. O un mendigo. No sabría decirlo. En todo caso es la metáfora perfecta de la situación de los medios de comunicación. Aparece una mujer que está pasando el paño. Me mira y sigue a lo suyo. Doy una vuelta entre los bancos de madera situados en forma de parlamento autonómico. Algunos tienen el nombre de los periódicos que han reservado el sitio. En otros se recuerda a periodistas fallecidos. Hay incluso un altar dedicado a los periodistas, antes conocido como el altar de los rehenes, cuyo origen se remonta a las vigilias nocturnas que se celebraban por los periodistas secuestrados en Oriente Próximo durante los años 80. Ahora es un lugar de recuerdo para todos los periodistas. Cuando hieren, secuestran o se ventilan a algún periodista, los religiosos del templo encienden una vela por su alma. No soy muy de rezos, pero amén. Hay directores de periódicos que ni siquiera han hecho eso por sus currelas.

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Por cierto, éste es uno de los templos favoritos elegidos por los periodistas para casarse. Iglesia de periodistas, boda de periodistas. Un pelín friki, sí. Antes de marcharme bajo las escaleras a la cripta del sótano. Hay una exposición con los orígenes de la iglesia y de la calle Fleet y pienso: a la vuelta tengo que escribir sobre esto.

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