El azafato de Iberia al que los judíos le tocaban las pelotas

Pelota Mixteca
foto de dimoru

Cada vez que pienso en una azafata de Iberia lo que me viene a la mente no es una azafata de Iberia. Por algún extraño mecanismo mental, cuando pienso en una azafata de Iberia la imagen que aparece en mi mente es la de una de las matronas que intervino en el nacimiento de mi hija. Una vieja estirada pero eficaz con cara de “si haces las cosas a mi manera, no vamos a tener problemas”. Sí, la leyenda urbana dice que las azafatas de Iberia son mayores y bordes. Y no sé si será verdad pero es justamente en eso en lo que estoy pensando cuando empieza el gran pollo entre el azafato de Iberia y el judío-toca-pelotas.

El azafato español tiene pinta de todo menos de azafato español. No es del estilo concursante de televisión cachas con cerebro de miniatura. Más bien lo contrario, éste es un azafato de Farias y sol y sombra, pelo canoso peinado hacia atrás y mala hostia. Mucha mala hostia. Estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto de Ben Gurión en Israel y lo primero que escucho es “estos judíos me tocan las pelotas”. El azafato español lo suelta bien alto para que se escuche en el avión, se desabrocha el cinturón y sale disparado hacia el fondo. Y allí atrás empieza a increparle a un chaval que pese a las indicaciones para apagar los móviles, sigue con su Blackberry encendida paseándola por la cara del azafato español al que los judíos le tocan las pelotas. Al rato vuelve el azafato encolerizado.

– El muy subnormal me dice que trabaja para la policía y que no quiere apagar la Blackberry. No puedo con los judíos, no puedo con esta gente. Que me tenga que pasar siempre con los judíos.

Hombre, pienso, Israel se pasa todas las resoluciones de la ONU por el forro del Mar Muerto así que un azafato español por muy mala hostia que tenga tampoco parece gran cosa. Pero el azafato sigue:

– Es que este tío es gilipollas, por chorradas como esa la pantalla del piloto se puede quedar en blanco y nos matamos -y lo acompaña con un gesto en el que la mano es un avión estrellándose en el suelo, lo cual me deja mucho más tranquilo de lo que ya estaba, porque no lo he contado pero resulta que cuando hemos entrado en el espacio aéreo israelí nos han obligado a sentarnos en nuestros asientos. Han reforzado las normas de seguridad, nos han dicho.

Y el azafato vuelve atrás y le sigue abroncando al judío-toca-pelotas al que empieza a mudársele la cara cuando se entera de que luego tiene una cita con el capitán.

Y ya hemos aterrizado y el azafato sigue a lo suyo:

– No ves, los tíos se levantan antes de que se lo permitamos. Joder con los judíos, siempre igual.

Lo que confirma que al azafato los judíos le tocan las pelotas y algo más porque no conozco ningún vuelo en el que los pasajeros esperen hasta que se desactive el indicador del cinturón de seguridad, sean judíos, musulmanes, cristianos viejos o putones verbeneros.

Y por cierto, lo del capitán quedó en una charla de trámite y el azafato al que los judíos le tocan las pelotas terminó como todos los azafatos al final de un vuelo. Diciendo “adiós, buenas tardes” tantas veces como pasajeros va escupiendo la panza del avión.

4 thoughts on “El azafato de Iberia al que los judíos le tocaban las pelotas

  1. Sí, es verdad, pero el azafato estaba un pelín obsesionado. Por decirlo suave.

  2. ¡Gracias Carmen! Ahora tengo que contar mi salida de Ben Gurion. Que ésa también tuvo su historia.

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