Durante La Blanca, las fiestas patronales de Vitoria-Gasteiz, estuve escribiendo una columna diaria para el diario El País. Aquí os dejo los enlaces por si os interesan:
El efecto mariposa es lo que tiene. Una mañana, Ernest Hemingway visita Pamplona y, 70 años después, una pandilla de australianos hace cola para abrirse la cabeza saltando desde lo alto de una fuente. A Vitoria no vino Hemingway y eso nos salvó de pertenecer al selecto Club de la Farra Internacional y su reguero de dinero y cuota en los telediarios. Sigue leyendo.
Hay fiestas en las que si no eres sobrino de alguien te vuelves a casa con las manos en los bolsillos. Está el fiestón flower-power de Ibiza en el que manda la billetera y que no se te vean demasiado los michelines. Y de las casetas de la Feria de Abril ni les cuento: cuanta más gomina, mejor. Sí, muchas fiestas adquieren relumbrón en la medida en que hay más gente fuera que dentro. Sigue leyendo.
Hubo un tiempo en que no existían los móviles y sabías con quién comenzabas la noche, pero no con quién ibas a llegar a meta. En nuestro siglo, se potea a una llamada telefónica de la gente de siempre y el guión se cumple a rajatabla. Demasiado previsible. Eran los tiempos en que los leones del circo asustaban que no veas, y no ahora que, gracias a Alex de la Iglesia, los que acongojan de verdad son los payasos. Y eran también las fiestas en que los punkis venían como hordas, se hospedaban en los parques e inquietaban casi tanto como los leones. Sigue leyendo.
Hace 20 años estaba de moda una canción de Celtas Cortos que, sin ser pachanguera, se dejaba bailar. La algarabía adolescente se desataba a la señal de 20 de abril del 90, pero la historia que contaba era un puñetazo en el estómago. “Hoy no queda casi nadie de los de antes, y los que hay, han cambiado”, insistía el estribillo. En esa edad de eternidad desbocada, la canción era una más del repertorio festivo, pero cuando los años empezaban a entristecer las borracheras, llegaba el día en que comprendías su sentido real. Ese día habías perdido la inocencia. Sigue leyendo.
Como a todo en Vitoria, también a las fiestas de la Virgen Blanca les han salido detractores. Todavía no se ha conformado una plataforma, pero todo se andará, que voluntarios no faltan y llevar la contraria siempre ha estado bien visto en la ciudad. Poner pegas es todo un deporte local. Una tradición. Con razón o sin ella, en Vitoria sabemos decir no con estilo. Sigue leyendo.
Estas fiestas lo que se llevan son los recortes. Ni el meneo de Jennifer López ni los globos de Bob Esponja ni el Gari, Gari, Garitano que arrasa en las pistas de baile abertzales. Los recortes son lo más de lo más. El alcalde de Vitoria, Javier Maroto, se ha ventilado de una tacada el gorroneo institucional en los toros y el teatro y ha desarticulado el tráfico municipal de invitaciones. Sigue leyendo.
Vitoria ha vuelto hoy a la normalidad, aunque lo que de verdad quisiéramos es que nos sorprendiera la normalización. Y que el año que viene Alfonso Basagoiti y Martin Garitano se dieran la mano en la balconada de San Miguel de Vitoria, aunque solo fuera eso, simplemente saludarse. Y el resto ya lo intentaríamos arreglar entre todos los demás. Sigue leyendo.
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