Seis reportajes sobre el dictador Videla tras su muerte

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1. “El que nunca aprendió a arrepentirse”, en Página 12. En este artículo se recogen las declaraciones que Videla hizo en su día a la revista Cambio 16. Relata en primera persona por qué se produjo el golpe de Estado, justifica las desapariciones y le atiza a los Kirchner. Y también habla de la Iglesia Católica.

Mi relación con la Iglesia fue excelente, mantuvimos una relación muy cordial, sincera y abierta. Incluso teníamos a los capellanes castrenses asistiéndonos y nunca se rompió esta relación de colaboración y amistad. La Iglesia argentina en general, y por suerte, no se dejó llevar por esa tendencia izquierdista y tercermundista, politizada claramente a favor de un bando, de otras iglesias del continente, que sí cayeron en ese juego. No faltó que algún miembro de esa Iglesia argentina entrara en ese juego, pero era una minoría no representativa con respecto al resto.

2. “Videla y el Mundial´78 no fue sólo culpa de Argentina”, en Panenka. Toni Padilla escribe sobre el Mundial que sirvió para asentar la dictadura argentina y darle cierto reconocimiento internacional. De cómo el fútbol fue utilizado como una estrategia de propaganda, de cómo el presidente de la FIFA aceptó organizar el campeonato en Argentina a cambio de salvar dos vidas, de cómo Videla entró en el vestuario peruano a supuestamente “comprar” la derrota de Perú, de cómo sólo un jugador, el sueco Ronnie Hellstrom, se pasó por la Plaza de Mayo para ver por qué protestaban aquellas madres, de la polémica en torno a Menotti y de cómo los jugadores pensaban que aquello era fútbol cuando era algo más.

Jorge Valdano contó en su momento que antes de la final el entrenador arengó afirmando: “Nosotros somos el pueblo, pertenecemos a las clases perjudicadas, nosotros somos las víctimas y nosotros representamos lo único legítimo en este país: el fútbol. Nosotros no jugamos para las tribunas oficiales llenas de militares sino que jugamos para la gente. Nosotros no defendemos la dictadura sino la Libertad”. No era fácil ser el seleccionador argentino. “Nos usaron como arma propagandística, entonces no lo podíamos ver” afirmó Osvaldo Ardiles.

3. Alfredo Astiz, historia de un centurión”, por Maruja Torres (El País, 1982). Alfredo Astiz, condenado a cadena perpetua en 2011, fue una de las figuras terroríficas de la ESMA, el centro de torturas de la dictadura por el que pasaron cerca de 5.000 secuestrados. Un reportaje memorable.

En la Escuela se daban tres tipos de represores. Estaban los burócratas, la mayoría, un 70%, los típicos “hago-lo-que-me-hago-porque-me-lo-ordenan”, que cumplían al pie de la letra, sin pasarse ni quedarse cortos, y que se llamaban a sí mismos profesionales. Luego estaba un 20% de psicópatas, de esos que babean, lloriquean y jadean cuando torturan, y que pertenecen al prototipo del verdugo hollywoodiense.

Y, finalmente, apenas un 10%, uno se encontraba con los convencidos, los que actuaban en nombre de una ideología. Eran los peores Entre ellos se encontraba Alfredo Astiz.

4. “El Rey con Videla sobre una balsa de muertos” por Cristina Fallarás en eldiario.es. La visita del rey Juan Carlos a Argentina en noviembre de 1978 fue uno de los pocos apoyos internacionales que pudo conseguir Videla de una Europa Occidental que asistía con preocupación al drama de los desaparecidos. Es un artículo de opinión con este testimonio en primera persona:

No dejo de darle vueltas a su foto con Videla, majestad, y me decido a preguntarle a Raúl Argemí, con quien comparto casa e hija: “En el 78, cuando el rey de España visitó Argentina yo estaba preso en los pabellones de la muerte, Unidad 9 de La Plata. Así se les conocía internacionalmente, pabellones de la muerte. Él también, claro, ¿cómo no iba a conocerlos? Estábamos ahí los tipos que consideraban que habíamos sido jefes en la guerrilla, y cada vez que sucedía algo que les molestaba a los militares, algo como una denuncia internacional, sacaban a uno y ya no volvía, como Gonzalo Carranza, cuya madre vivía a las afueras de Barcelona, como tantos… Si no nos desaparecían a todos era porque en Francia, Holanda, Bélgica, Suecia, Suiza y algún otro país hacían el seguimiento de todos nosotros, y no se atrevían a cargarse con ese escollo. Si no nos mataron a todos, fue por la presión internacional. Y entonces, ante el aislamiento internacional y las denuncias de desapariciones y cárceles clandestinas que corrían por muchos países, España, en la figura de su Rey, reconoció con su visita a la Junta militar”.

5. “Videla Gym”, por Martín Caparrós. Todo un clásico. En esta crónica, Caparrós cuenta su encuentro con Videla, después de ser indultado por Menem, en el lugar donde el exdictador acudía a hacer ejercicio por las mañanas. SPOILER, aquí va el final de la crónica:

El ex ya está llegando a la glorieta, con la vena muy hinchada.

– Si yo hubiera hecho lo que hizo usted, tendría mucho miedo.

– Si usted hubiera hecho algo, no estaría acá.

Dice, en un gruñido, sin mirarme, y no termino de entender la amenaza. Lo sigo, diciéndole estúpidamente que la repita, que la repita si se atreve, pero él camina hacia el coche donde lo espera el ropero. No me queda mucho más, él se está yendo y sólo por respeto me parece que debería gritarle algo. Entonces le grito asesino y él se da vuelta, me mira, entra en el coche. Como todos los lunes, miércoles y viernes, a las nueve, en Cangallo y Costanera.

.6. “El golpe del 76”, de Clarín. Es un especial multimedia sobre la trama del golpe de Estado que llevó a Videla al poder.

7. Y la mejor portada tras la muerte de Videla es la de Página 12. Vía @borjaventura.

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Seguro que me he dejado algunas crónicas imprescindibles sobre Videla y la dictadura, podéis recomendarlas en los comentarios. Gracias.

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