Amistades que han hecho de España un gran país

Ya lo dijo Rajoy en Buenos Aires para defender la candidatura olímpica: España es un país degente simpática, ideal para tomarse una relaxing cup de lo que sea (lo siento, tenía que decirlo). Un país donde, gracias al extraordinario desarrollo económico de las últimas décadas, las amistades se forjan en el avión privado de un constructor y no en esas tediosas estaciones de autobús con megafonía estropeada y bocadillos recalentados, algo que era habitual antes de que media España consiguiera el número de teléfono de Santiago Calatrava.

De hecho, pese a que el boom económico español se ha alimentado en gran parte de cementazos y dinero fácil, no deberíamos subestimar el papel que ha jugado la infatigable capacidad de hacer amigos que atesora todo español, especialmente si uno concede obras y el otro las recibe. Esas amistades las une el dinero y no las separa ni Dios; a no ser, claro, que a Dios se le olvide lanzar un rayo para borrar los SMS de tus amigos. Eso lo complica bastante. Bueno, Dios siempre puede destruir un par de discos duros y unas cuantas agendas.

En España, el 80% de las amistades ya están construidas, en concreto, sobre la base de dos expresiones míticas: “¿qué hay de lo mío?” y “tranquilo, después de las elecciones hablamos”. Hay quien lo tilda de amiguismo. Algunos incluso prefieren llamarlo tráfico de influencias. Yo me quedo con la expresión que le regaló Francisco Camps a El Bigotes de la Gürtel: “Feliz Navidad,amiguito del alma“. En España hay amigos, que son buenos; amiguetes, que son muy buenos; y luego están los amiguitos, que montan chiringuitos y regalan trajecitos. Esos son los imprescindibles.

El artículo sigue en mi blog de eldiarionorte.es y eldiario.es.

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