Rajoy ya no lee el Marca

A Hulk Hogan, al de Celebrities, nadie le había dicho que las hostias fueran de mentira, aunque le extrañaba que sus contrincantes de lucha libre se fueran de cañas después de zurrarse a sillitas eléctricas en el cuadrilátero. A Mariano Rajoy también le extrañaba que todo el mundo pataleara con las cuchillas de la valla de Melilla porque a él nadie le había comentado que las cuchillas cortaran, las nubes ocultaran el sol y los sobres sirvieran para algo más que mandar cartas de amor.

Rajoy es como ese ganadero navarro al que recomendaban ir a negociar a la Diputación en Pamplona con paso de buey, astucia de lobo y, siempre, con cara de despistado. Pero esta vez a Rajoy el cinismo se le ha filtrado a borbotones y no hay semblante de pasmado que pueda taponar la fuga. Para alguien enrolado en la ironía, lo peor que le puede ocurrir en esta vida es convertirse en un cínico. Y es lo que le ha pasado a Rajoy, que de tanto ir de perfil, le hemos terminado viendo la cara. Y tiene cara de hiena. Despistada, pero cara de hiena.

El artículo sigue en Al Margen, mi blog de eldiarionorte.es y eldiario.es.

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