Lo último son las personas

Lleva una temporada el lehendakari inaugurando cosas. Hace unos meses, en la apertura de un ambulatorio en Vitoria, Urkullu afirmó que su compromiso principal es con las personas. Con los seres humanos y tal. Lo cual se agradece viniendo de un político y en especial si lo dice en un centro de salud. Para curar el desamor ya están los bares y para los gatos, las clínicas veterinarias. El caso es que esto de las personas me parecía uno de esos refritos vacuos a los que nos acostumbra Urkullu cuando engola la voz como si descubriera la penicilina cada mañana, pero ha aparecido el vicesecretario de Estudios y Programas del PP, Esteban González Pons, y nos ha regalado la explicación que faltaba: “Una vez salvada la prima de riesgo tenemos que dedicar nuestros esfuerzos a salvar a las personas”. Bingo. Las personas eran sólo el decorado. Pero ahora no, ahora las personas se han puesto de moda. Como las primarias.

Y todo cobra sentido y resulta que las personas hacían autoestop al borde de la carretera pero los políticos no paraban el coche oficial porque tenían prisa por salvar la prima de riesgo, llegar al palco del Bernabéu o reunirse con Calatrava (aclaración: Calatrava no es una persona, es un estado de ánimo). En mi inocencia provinciana y judeocristiana, pensaba que al PP le importaban las personas pero que no acertaba con la fórmula para salvarlas y, sin embargo, Esteban González Pons -el aspirante a ministro que se quedó en vicesecretario de algo- nos ha prestado la piedra de Rosetta con la que desentrañar el sindiós en el que se ha convertido este Gobierno: las personas podían esperar porque antes había que salvar la prima de riesgo a costa de las personas. Pero ahora sí que sí. Es la hora de las personas. Ya no hace falta “que se jodan”.

Ahora entiendo, por ejemplo, que el Ayuntamiento de mi ciudad -gobernado por el PP- haya accedido presuroso a alfombrar con un paso de cebra el camino entre El Corte Inglés y el centro comercial que tiene enfrente (pese a que a 50 metros a la izquierda hay un paso de peatones y a 50 metros a la derecha hay otro paso de peatones), mientras que en mi barrio hizo falta un funeral y una bronca con la policía para que el Ayuntamiento se dignara a plantar un par de semáforos que los vecinos llevaban meses reclamando. Pueden llamar a esto demagogia, pero no estoy haciendo otra cosa que aplicar el orden de prioridades que establece González Pons: primero el poder económico y después las personas. Lo recuerdo por si alguien se ha despistado: “Una vez salvada la prima de riesgo tenemos que dedicar nuestros esfuerzos a salvar a las personas”. Está tan claro que no hace falta añadir un “vamos a ver, Gloria” de esos que suelta Rajoy en Antena 3.

Las personas podían esperar porque antes había que salvar la prima de riesgo a costa de las personas. Pero ahora sí que sí. Es la hora de las personas. Ya no hace falta “que se jodan”.

Claro que avisados estábamos. A Rajoy rara vez se le ha visto con personas (no cuentan los figurantes que le acompañan cuando sale a caminar rápido en vacaciones). Una de las pocas pruebas que hay de su aproximación a la gente común es aquella ocasión en la que se fotografió en la cola del INEMMire, eso de ahí son personas. ¿Cuáles? Esas de ahí, las de la cola. Vaya, pues yo me esperaba otra cosa. A Rajoy le dijeron que en Burgos estaban quemando contenedores y uno imagina la pregunta. Pero, ¿quién los está quemando? Las personas, señor presidente, las personas.

La confesión de Esteban González Pons ha servido, en todo caso, para confirmar ese estereotipo que sonaba exagerado y ya no: para el Gobierno y la derecha de este país las personas son lo segundo. O lo tercero. O lo cuarto… O lo último.

Artículo publicado el 23 de enero de 2013 en eldiarionorte.es y eldiario.es.

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