Suárez y la Transición más allá del panegírico

“En sentido estricto, el tránsito de la dictadura a la democracia, es decir, el periodo que va de la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 a las elecciones generales del 15 de junio de 1977, se hizo sin concurso de las fuerzas opositoras. Hacia la primavera de 1976, los franquistas ya estaban convencidos de que podían controlar el cambio político. Este se haría desde dentro del régimen, mediante los procedimientos de reforma del sistema constitucional franquista, sin negociar con los líderes de la oposición”.

A vueltas con la Transición. Ignacio Sánchez-Cuenca. En eldiario.es.

 

“La decisión se tomó entre el Rey y Torcuato. El Rey no se distingue —y lo ha demostrado a lo largo de su carrera— por un talento político notable. En una sociedad normal —esto hay que decirlo así de claro— hubiera sido ya derrocado. Por todo tipo de motivos: irregularidades económicas, irregularidades personales, colaboración en el 23-F, etc, etc… Es decir que en su cartilla de servicios el Rey no puede presumir de sus méritos, no. Sus méritos son absolutamente para echarlo. Claramente. Por eso necesitó primero una sociedad española muy transigente y de alguien que le ayudara a orientarse en la política, algo de lo cual no tenía ni zorra idea. Y ese hombre era Torcuato Fernández Miranda, un profesional de la política al que conocí mucho, y en el que todos tienen un interés especial en eliminar de la película. Ónega por razones obvias, porque las servidumbres que le hizo no le gusta recordarlas. Y el resto porque los engañó. Torcuato los fue engañando a todos prometiéndoles a cada uno aquello que querían”.

Entrevista a Gregorio Morán en Jot Down (antes de la muerte de Suárez). 

 

“-¿Cómo trató el Rey a Suárez?
-Como a un perro. Llegó a acumular tanta inquina contra él que llevó al condensado del 23-F. Santiago Carrillo se asustaba de lo que decía el Rey de Suárez porque, si se lo contaba a él, qué no contaría a los de su confianza. Por eso es importante también la famosa foto del Rey abrazando a Suárez enfermo en un paseo, los dos de espalda, que se supone que sacó el hijo de Suárez y que está hecha por un profesional. El Rey hace una reconciliación póstuma, ya que Suárez está fuera de circulación mental”.

Entrevista a Gregorio Morán en El Faro de Vigo (después de la muerte de Suárez). 

 

“Cuando se glosa la Transición española, se tiende a obviar o a exagerar el peso de uno de sus grandes actores: esa cosa llamada el pueblo, que efectivamente ejerció un papel de mero acompañamiento limitándose a asentir a todo. Esta pasividad, disfrazada ahora de asertividad, resultó decisiva, pero como se asemeja tanto a la ausencia, el relato tiende a bascular hacia las individualidades. Durante este período y hasta hoy, el español no se instala tanto en la contemplación, como en la obediencia. Así, los grandes muñidores se van sucediendo en el relato de acuerdo con las modas que marcan los obituarios: ayer, el conde de Barcelona; hoy, Adolfo Suárez; mañana, su majestad el rey. Hasta hoy”.

La Transición para ‘dummies’ por Alberto Moyano en El Diario Vasco

 

“Resulta significativo el discurso del rey en la Pascua Militar de 1979. Elogia las reformas internas puestas en marcha en las Fuerzas Armadas por el general Gutiérrez Mellado, ya que las innovaciones “para adaptarse a los nuevos tiempos” son necesarias. Incluso así, no tarda en marcar unos límites lejos del estilo arrojado habitual en Suárez: “Pero sin prisa, sin excesos ni precipitaciones, con el ánimo de eludir cuantos perjuicios sea posible. Y sin abordar más reformas que las oportunas”.

Suárez contra el Rey: la otra historia de la Transición. Por Iñigo Sáenz de Ugarte. En eldiario.es

 

“Unos días después, el 4 de enero de 1981, se entrevistaba en secreto con el rey en Baqueira Beret, acudiendo seguramente a una misteriosa e imperativa llamada suya para verse de inmediato. Tal vez pensó que don Juan Carlos quería tener un gesto conciliador con él después de su distanciamiento de los últimos tiempos. O más probablemente relacionó todo aquello con la presencia por allí de Alfonso Armada en su condición de gobernador militar de Lérida, cargo con el que Suárez había intentado apartarle del entorno de don Juan Carlos, ya se ve que sin mucho éxito. Sabemos que Armada tuvo la víspera una conversación con el rey que dejó a éste profundamente preocupado. Y que Adolfo volvió de su entrevista en Baqueira “roto (…), moralmente destrozado”.

Suárez y el rey ¿amigos para siempre? Juan Francisco Fuentes. En El Mundo

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