Corea del Norte ha estrenado hoy un servicio de internet para móviles. De momento sólo los extranjeros pueden acceder al 3G de la compañía Korylink. La corresponsal de Associated Press Jean H. Lee ha protagonizado el estreno. Esta es una recopilación de sus fotos y tuits.
Dentro de la serie de noticias frikis que rodearon la muerte y el funeral del presidente de Corea de Norte Kim Jong Il -historias del calibre de un pájaro que había aparecido en la embajada norcoreana de Berlin para presentar sus condolencias- destaca una imagen por encima de las demás. La presencia de un gigante vestido de militar entre la multitud que despedía al “Querido Líder”.
Los amantes de las conspiraciones especularon con un programa secreto de modificación genética para diseñar un ejercito de gigantes. Poco serio aunque daría para una buena película de ciencia-ficción. También hubo quien culpó a los milagros del Photoshop. Pero ¿y si era verdad que en medio de los funerales había un militar norcoreano de casi dos metros y medio? En ese caso, la respuesta más sencilla es que el gigante de la foto fuera Ri Myung Hun, el jugador de baloncesto norcoreano que estuvo a punto de entrar en la NBA.
Corea del Norte ha vivido en parte ligado a las obsesiones y caprichos de los autócratas que lo han gobernado. Y una de las aficiones más imperialistas de la estirpe comunista que comanda el país es el baloncesto, y en concreto, la NBA. El desaparecido Kim Jong Il intentó infructuosamente que Michael Jordan visitara el país y quizás lo vuelva a intentar su hijo y sucesor, Kim Jong Un, a quien sus excompañeros del internado suizo en el que estudiaba le recuerdan con la camiseta roja de Jordan en los Bulls. Hay quien dice que tienen canchas de baloncesto reglamentarias de la NBA en sus palacios. Así que puedes imaginarte a Kim Jong Il con una cerveza en la mano viendo la final de los Bulls contra Utah Jazz mientras en las calles se recogían los cadáveres de la hambruna de los 90. Hasta tal punto llegó la afición al baloncesto del “Querido Líder” que algunas fuentes señalan que el gobierno promovió el baloncesto como parte de una campaña para crecer en altura: quién jugaba a baloncesto crecía más que quien no lo hacía. Y así decía Kim Jong Il: “Deberíamos hacer que nuestros jóvenes y trabajadores jugaran mucho a baloncesto”.
Y como toda información proveniente de Corea del Norte es susceptible de rozar el surrealismo, algunos medios chinos han desvelado que Corea del Norte ha desarrollado su propio sistema de puntuación: 3 puntos para un mate, 4 puntos para un tiro de tres que entre limpio y, esta es muy buena, 8 puntos para una canasta encestada en los últimos tres segundos del partido. Y, por cierto, fallar un tiro libre te resta un punto.
Es en medio de este fervor estalinista por el baloncesto, cuando en los años 90, comienzan a surgir rumores sobre la existencia de un gigante en Corea del Norte, un tipo que mide 2,35 metros y que juega al baloncesto. Se trata de nuestro Ri Myung Hun que se cambiará de nombre por el de Michael Ri, de nuevo en homenaje a Michael Jordan (¿pero nadie en Corea del Norte está maravillado con las asistencias de John Stockton?). Y ahí es cuando se juntan las ganas de Kim Jong Il de mejorar la imagen de su país con el deseo de algunas franquicias de la NBA de contar con uno de los jugadores de baloncesto más altos del mundo. Ri tiene 29 años cuando el “Querido Líder” le permite marchar a América a probar suerte.
Michale Ri viaja a Ottawa y comienza a entrenarse con Jack Donohue, antiguo seleccionador de Canadá. No más de 15 minutos de entrenamiento al principio porque, al parecer, Ri no llega con una buena preparación física. No es un gran jugador, pero Donahue afirma entonces que podría tener unos cuantos minutos para lucirse en la NBA. Ojeadores de varias franquicias viajan a Canadá a echar un vistazo a Ri. Todo indica que puede dar el salto, pero la tensión política entre EEUU y Corea del Norte se cruza en su camino. Inicialmente, el departamento de Estado le impide jugar acogiéndose a la Trading With the Enemy Act, y cuando años después da luz verde a su ingreso en la NBA, Ri se queda en Pyongyang, probablemente porque ya tiene 34 años y porque Kim Jong Il ha cambiado de opinión.
Pero la vida tiene a veces ese sentido de la clemencia que te deja resarcirte de tus malos momentos. Y a Michael Ri la oportunidad le llega en 2003 durante la celebración en Italia de los Juegos Militares Mundiales. Corea del Norte vence a Estados Unidos y unos tiros libres de Ri son fundamentales para conseguir la victoria.
Michael Ri ya se ha retirado del basket y nada se sabe de su vida en Pyongyang, aunque lo más seguro es que sea uno de esos héroes mimados por el régimen. Quizás alguna tarde de domingo visita a Kim Jong Un en su palacio presidencial para “echar unos tiros” y, claro, Ri tiene que dejarse ganar, pero ¿cómo se deja ganar un partido de baloncesto alguien que mide 2,35 metros?
Por alguna extraña razón, siempre me ha fascinado esa imagen de desierto urbano de las calles de Pyongyang, la capital de Corea del Norte. Hablo de oídas, claro. No he viajado a Corea del Norte, aunque no es imposible. Luego hablaré de ello.
Los 24 millones de habitantes de Corea del norte parecen zombies en un mundo irreal. Hay autopistas construidas hace décadas por las que no circula casi ningún coche porque hace tiempo que la gasolina desapareció del mercado y amplias aceras por las que apenas marchan viandantes. Ni tan siquiera corren bicicletas, porque en los tiempos de la abundancia fueron desprestigiadas por Kim Il-sung, el fundador de la República, nombrado Presidente Eterno tras su súbita muerte en 1994.
Por esas carreteras desiertas, sin vehículos, ha viajado Jon Sistiaga. En este vídeo logra zafarse de sus “guías” y graba una de las escenas más extrañas de Corea del Norte: tipos barriendo, sí, barriendo las carreteras.
Antes que Jon Sistiaga, Rosa María Calaf visitó Corea del Norte y emitió el primer reportaje de una televisión española sobre el último reducto estalinista del planeta. El reportaje arranca con una de las imágenes más inquietantes: una sirena despierta a los ciudadanos de Pyongyang a las siete de la mañana. Aunque quizás el retrato más atinado de todos sea el cómic “Pyongyang” de Guy Delisle.
Guy Delisle vivió una temporada en la capital de Corea del Norte. El relato es una sucesión de situaciones estrambóticas, parajes urbanos desérticos, ataques de histeria patriótica y visitas turísticas imposibles.
A mi llegada a Pyongyang -por fin- me sorprendió la cantidad de personas que se bajaron del tren -alrededor de 300. Pronto se organizaron en filas, mientras los altavoces de la estación comenzaron a emitir música alegre.
Vuelvo a Georgina Higueras ¿Cómo es una noche en Pyongyang?
En las noches de Pyongyang, una ciudad de más de tres millones de habitantes las únicas luces son las de las estrellas. Lo único que funciona son un par de hoteles de decrépito lujo, con casinos y karaokes para entretener a los hombres de negocios chinos.
El turismo a Corea del Norte está muy restringido. Apenas unos pocos miles de turistas pueden cruzar la frontera cada año. Desde España, la agencia Viatges Pujol, organiza las visitas al país. Según informa la propia agencia, no se puede circular libremente por el territorio, ni siquiera se puede salir sólo del hotel. Y no es la única norma:
– A su llegada, deberá dejar su teléfono móvil, GPS o cualquier otro dispositivo electrónico en la aduana, no está permitida la entrada de los mismos. A la salida, le serán devueltos.
–No está autorizado el libre acceso a Internet. Si podrá llamar por teléfono, sin problema, desde algunos Hoteles, aunque el coste es elevado (1 minuto/4 euros).
– Deberá llevar dinero en efectivo (euros preferiblemente) pues el pago con tarjetas de crédito no está permitido.
–La vida nocturna es prácticamente inexistente en Corea del Norte, por tanto, ésta queda limitada a las zonas de ocio de los hoteles, un tanto “ peculiares” para nuestra mentalidad occidental pero, desde luego, curiosas.
- Corea del Norte es uno de los países más seguros del mundo y los turistas son muy bien acogidos y tratados con gran amabilidad.
-La publicidad comercial no existe. En cambio, es constante la presencia de propaganda política y de exaltación de su líder, el fallecido Presidente Kim Il Sung, en sus diversas manifestaciones (desfiles, carteles, música …)
– Está permitido realizar todo tipo de fotografías y vídeo excepto en aeropuertos, estaciones de tren, cuarteles militares, a soldados y oficiales del ejército, y en determinados puntos que su guía le indicará.
– Los cortes eléctricos suceden sólo muy puntualmente, prácticamente no los notará, pero les aconsejamos que se lleven una pequeña linterna.
– Aunque oficialmente en Corea del Norte no están autorizadas las propinas, les sugerimos, si lo consideran oportuno, al finalizar su viaje dar una propina al guía y al chófer que, naturalmente, debe ser proporcional al servicio recibido.
De momento tendré que conformarme con ver Corea desde la distancia.
Turistas avistando Corea del Norte desde el lado sur de la frontera.