Misas non-stop en Polonia

Cuando veraneaba en el pueblo, si llegaba el mediodía del domingo y había logrado escaquearme para esa hora, me libraba de ir a misa y santas pascuas. Aunque, en realidad, el verano era el único momento del año en el que iba a misa. Mi abuela amenazaba con no darme la paga. Y la pasta es la pasta, sobre todo, cuando no tienes un duro para tu adicción a las chucherías. El caso es que en Varsovia, donde estoy ahora, no tendría escapatoria. Es lo que se llama el rezo non-stop. Una misa detrás de otra para que no te busques pretextos.

Misas non-stop. Varsovia.

Claro que 3 de cada 4 polacos son católicos practicantes y supongo que los domingos habrá overbooking en las misas. Codazos y todo eso. Dicho de otra manera, en Polonia los católicos llenan las iglesias, en España llenan la Plaza de Colón.

East Side Gallery, 50 fotos sobre el arte en el Muro de Berlín

La East Side Gallery es un tramo de 1,3 kilómetros del Muro de Berlín que se ha convertido en la mayor galería al aire libre del mundo. Hay cerca de un centenar de pinturas que han utilizado el muro como lienzo, entre ellas, la más conocida es el beso de tornillo de Leonidas Breznev -jefe de Estado de la URSS- y Erich Honecker -presidente de la RDA- firmado por el artista ruso Dimitri Vrubel.

El muro fue pintado en 1990 por artistas de todo el mundo como un símbolo de esperanza y libertad tras la caída del Telón de Acero. Supuestamente en la actualidad es uno de los lugares más visitados de la ciudad, aunque me sorprendió ver poca gente por allí. Aquí os dejo 50 fotos que saqué en la East Side Gallery.

East Side Gallery 01 El Beso

East Side Gallery 02

East Side Gallery 03

East Side Gallery 04

East Side Gallery 05

 

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La ciudad de Jerusalén en 6 vídeos

Este verano estuve una semana en Jerusalén y en los Territorios Palestinos. Aproveché para grabar algunos vídeos. Aquí os dejo una selección que he subido a mi canal de Youtube.

1. Vistas de la Ciudad Vieja de Jerusalén
Un vistazo al Muro de las Lamentaciones y la Explanada de las Mezquitas desde un mirador del barrio judío.

2. El Sabbat en el Muro de las Lamentaciones
Lo que se conoce como el Muro de las Lamentaciones es sólo una pequeña parte de todo el muro que está escondido bajo las viviendas del barrio musulmán. Hay visitas guiadas al interior y se pueden reservar en la propia plaza del muro. En el Muro de las Lamentaciones, por cierto, es toda una experiencia asistir al inicio del sabbath, el viernes al atardecer.

3. El mercado de Mahane Yehuda
Es el mercado central de la ciudad. Mucho griterío y judíos árabes vendiendo frutas y verduras. También especias, pescado, carne… El mercado está a tope los jueves y los viernes cuando las familias hacen las compras para la cena del sabbath.

4. Cometas que son aviones de guerra
En los tejados del tejados en el cruce de Habad St y St Mark´s Road, los niños palestinos juegan a volar cometas que son aviones de guerra.

5. Las mejores vistas de Jerusalén
Mi mirador favorito era la azotea del Hospicio Austriaco. Es un albergue en la calle Al Wat (barrio musulmán) justo en la tercera parada de la Vía Dolorosa. Hay que llamar al timbre y te abren la puerta sin ningún problema. Entras y pillas las escaleras hasta arriba del todo. Disfrútalo.

6. Misa ortodoxa en el Santo Sepulcro
Las diferentes iglesias cristianas andan a la gresca por el control de la Iglesia del Santo Sepulcro, el lugar donde supuestamente Jesucristo fue crucificado. Se reparten las horas del día para dar misa, pero apenas llegan a más acuerdos.

 

¿Te ha cambiado el Camino de Santiago?

Santo Domingo de la Calzada

foto de Zahorí

La vida te la cambia el amor o el cáncer y, con un poco de suerte, un viaje. Por culpa de la palabrería new-age de Paulo Coelho, al Camino de Santiago se le han atribuido propiedades mágicas y lo de encontrarse a sí mismo, la paz interior y todo lo demás. Y pese a toda esa superchería de autoayuda, el caso es que el Camino de Santiago guarda algo especial. No tienes más que hablar con alguien que lo haya caminado, para darte cuenta de ello. Hoy me ha venido todo esto a la cabeza después de que en el programa que dirijo en Cadena Ser Vitoria hayamos entrevistado a un preso de la cárcel de Nanclares que asistía a una conferencia sobre el Camino que se ha impartido esta mañana dentro de los muros de la prisión.

El preso se llama Alberto y nos ha contado que en su día hizo el Camino con su hermana, enferma de cáncer. Mi compañero Jon Camarero le ha preguntado si el Camino de Santiago le ha cambiado de alguna manera. Y él ha respondido lo siguiente:

- El Camino me ha enseñado a contar hasta diez antes de abrir la boca.

Simplemente, cojonudo.

Si queréis escuchar a Alberto, aquí os dejo el audio de la entrevista.

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El azafato de Iberia al que los judíos le tocaban las pelotas

Pelota Mixteca
foto de dimoru

Cada vez que pienso en una azafata de Iberia lo que me viene a la mente no es una azafata de Iberia. Por algún extraño mecanismo mental, cuando pienso en una azafata de Iberia la imagen que aparece en mi mente es la de una de las matronas que intervino en el nacimiento de mi hija. Una vieja estirada pero eficaz con cara de “si haces las cosas a mi manera, no vamos a tener problemas”. Sí, la leyenda urbana dice que las azafatas de Iberia son mayores y bordes. Y no sé si será verdad pero es justamente en eso en lo que estoy pensando cuando empieza el gran pollo entre el azafato de Iberia y el judío-toca-pelotas.

El azafato español tiene pinta de todo menos de azafato español. No es del estilo concursante de televisión cachas con cerebro de miniatura. Más bien lo contrario, éste es un azafato de Farias y sol y sombra, pelo canoso peinado hacia atrás y mala hostia. Mucha mala hostia. Estamos a punto de aterrizar en el aeropuerto de Ben Gurión en Israel y lo primero que escucho es “estos judíos me tocan las pelotas”. El azafato español lo suelta bien alto para que se escuche en el avión, se desabrocha el cinturón y sale disparado hacia el fondo. Y allí atrás empieza a increparle a un chaval que pese a las indicaciones para apagar los móviles, sigue con su Blackberry encendida paseándola por la cara del azafato español al que los judíos le tocan las pelotas. Al rato vuelve el azafato encolerizado.

- El muy subnormal me dice que trabaja para la policía y que no quiere apagar la Blackberry. No puedo con los judíos, no puedo con esta gente. Que me tenga que pasar siempre con los judíos.

Hombre, pienso, Israel se pasa todas las resoluciones de la ONU por el forro del Mar Muerto así que un azafato español por muy mala hostia que tenga tampoco parece gran cosa. Pero el azafato sigue:

- Es que este tío es gilipollas, por chorradas como esa la pantalla del piloto se puede quedar en blanco y nos matamos -y lo acompaña con un gesto en el que la mano es un avión estrellándose en el suelo, lo cual me deja mucho más tranquilo de lo que ya estaba, porque no lo he contado pero resulta que cuando hemos entrado en el espacio aéreo israelí nos han obligado a sentarnos en nuestros asientos. Han reforzado las normas de seguridad, nos han dicho.

Y el azafato vuelve atrás y le sigue abroncando al judío-toca-pelotas al que empieza a mudársele la cara cuando se entera de que luego tiene una cita con el capitán.

Y ya hemos aterrizado y el azafato sigue a lo suyo:

- No ves, los tíos se levantan antes de que se lo permitamos. Joder con los judíos, siempre igual.

Lo que confirma que al azafato los judíos le tocan las pelotas y algo más porque no conozco ningún vuelo en el que los pasajeros esperen hasta que se desactive el indicador del cinturón de seguridad, sean judíos, musulmanes, cristianos viejos o putones verbeneros.

Y por cierto, lo del capitán quedó en una charla de trámite y el azafato al que los judíos le tocan las pelotas terminó como todos los azafatos al final de un vuelo. Diciendo “adiós, buenas tardes” tantas veces como pasajeros va escupiendo la panza del avión.

Mi viaje a Jerusalén en 7 fotos

Después de unos días de desconexión total (cine clásico, bicicletas, siesta y desayunos decentes) empiezo a publicar posts sobre mi viaje a Jerusalén y los Territorios Palestinos. Habrá historias, anécdotas y algunos posts más prácticos para ayudar a la gente que quiera visitar la ciudad. Hoy empiezo con un resumen de las fotos que fui publicando en las redes sociales durante el viaje.


Jerusalén desde los tejados

Jerusalén desde los tejados

 

Cometas en los tejados de JerusalénLos niños en Jerusalén juegan con cometas que son aviones de guerra

 

Muro de las LamentacionesAntes de rezar en el Muro de las Lamentaciones


Muro de las Lamentaciones 02Rezando en el Muro de las Lamentaciones


Pintada en el muro de CisjordaniaPintada en el muro de Cisjordania

 

Pintada contra la circuncisión

Pintada en Tel Aviv contra la circuncisión


Arte callejero en el puerto de Jaffa

Arte callejero en el puerto de Jaffa


Una noche en Ground Zero, el club de blues de Morgan Freeman en el Mississippi

Ground Zero´s 03

Estados Unidos tiene dos cosas que me encantan. Una, la gente te saluda con un Where are you from?. Dos, puedes sentarte en la barra de cualquier garito del país que siempre habrá alguien que te de palique. Estoy en el Ground Zero Blues Club. Es un club de blues en la ciudad donde supuestamente nació el blues, Clarksdale, en el estado de Mississippi. No es un juke joint pero es lo más parecido en un martes cualquiera donde el resto de tascas están cerradas. Los juke joint son unos locales donde desde hace décadas los negros se juntan a tocar blues después del curro, llevan cerveza y a veces comen algo. Hoy está todo cerrado, salvo el Ground Zero, el local de blues de Morgan Freeman. Sí, el actor. Y no, Morgan no está por aquí.

Así que es martes y todavía no ha empezado el concierto programado para esta noche. No hay mucha gente. Dos docenas de personas. Un par de turistas y el resto es esa gente de Clarksdale que no puede dejar pasar un día sin tomarse unas cervezas y escuchar algo de blues. Hago tiempo comiendo una hamburguesa. Una Mambo Jambo con patatas. Y mientras la banda está afinando sus instrumentos, se me acerca un tipo de mediana edad con su alegre where are you from y todo lo demás. Se llama Mike y también viaja sólo hacia Nueva Orleans. Está incrédulo mirándome. ¿Qué coño haces en este pueblo? insiste. Conoce España de sus tiempos en la Marina. Palma de Mallorca. Nice girls, nice girls. Me invita a cervezas y le invito a cervezas. Y de vez en cuando intercambiamos unas palabras.

Ground Zero´s Club 02

El grupo de música ya está tocando. Canta la dueña del Cat Head, una tienda de folk-blues que he visitado esta mañana. Al bajo, una rubia chisposa, en la guitarra un joven barbudo con gorra y en la batería, un negro brioso. Y suenan bien. Pido otra cerveza y se me acerca un rubio espigado con barba de unos 50 tacos:

- Eso que tocan es blues, es lo único que se escucha en Clarksdale. La mejor música del mundo. Como se te ocurra tocar rock en esta ciudad, te echan a patadas.

Se llama John y continúa hablando de Clarksdale.

- En este pueblo no hay ningún gilipollas.

Y yo asiento, claro. En el escenario, el concierto se ha convertido en una jam session. Ha aparecido Mr. Terry, el padre de todos los ciudadanos de Clarksdale y después un par de negros gigantones. Y ahí están turnándose, prestándose los instrumentos, negros y blancos juntos, en medio del Mississippi, versioneando canciones de BB King.

John saca otras dos cervezas y seguimos hablando de política. Me dice que George Bush es un buen tipo que quizás tomó decisiones equivocadas y continúa:

- En Europa siempre estáis con lo mismo a cuestas. La paz por aquí. La paz por allá. Fuck you. Si te ponen una bomba tienes que matarlos a todos. A su familia, a sus hijos. A todos.

Ahora que la cerveza se me ha subido a la cabeza, le respondo que tampoco pueden ir por ahí bombardeando todo lo que les apetece. Pero se lo suelto muy amablemente. Hace no tanto tiempo unos tipos con capirote blanco andaban haciendo de las suyas en esta parte del Mississippi, así que se lo digo muy cortés y él insiste en que tanta verborrea pacifista no lleva a ningún sitio. Y ahí seguimos a lo nuestro y se acerca un barbudo borracho con un peto vaquero diciéndome que es el padre del otro barbudo joven que toca en el grupo. Y yo respondiéndole: ok, ok. Y John mirándome y diciéndome:

- Tranquilo, los rednecks son tipos barbudos con escopetas, pero son buena gente.

Cierra el Ground Zero y John me invita a su casa. Seguimos bebiendo y escuchando blues. Y discutiendo de política. Y antes de volver a mi habitación, que por cierto, está en el piso superior del Ground Zero, intercambiamos direcciones y prometemos escribirnos. Pero como pasa casi siempre, ésa es la primera y última vez que hablaremos. Una gran noche. Una borrachera memorable en el Mississippi.

Ground Zero´s Club 01

¿Unos grandes almacenes son un lugar turístico? El caso de Harrod´s en Londres

only Japanese

foto de monikabota

Si no entras a unos grandes almacenes para comprar algo, estás allí por tres razones diferentes:

1. Porque estás buscando los baños para salir de un aprieto.

2. Porque estás buscando los baños para hacer el amor.

3. Porque directamente vas a atracar los grandes almacenes.

En eso estoy pensando mientras paseo con Marchena y Antxeta por Harrod´s en el centro de Londres con cara de soy-un-turista-y-no-voy-a-comprar-nada. Hace una media hora estábamos charlando en la calle sobre si entrar o no en Harrod´s:

- Vamos para Harrods ¿no? –ha dicho Antxeta. Marchena y yo no estamos muy por la labor.

- Es como visitar El Corte Inglés -digo más por llevar la contraria que por otra cosa.

- No es como El Corte Inglés.

- Lo importante es el concepto. Si no te molan unos grandes almacenes como El Corte Inglés, tampoco te va a molar Harrod´s porque sea mejor.

Al final hemos entrado y el lugar tiene su gracia. Cuando pasamos por el área de alimentación, Antxeta me suelta señalando a un mostrador:

- Mira ahí. ¿A que en el Corte Inglés no hay un tipo con sombrero ordenando anacardos?

Y la verdad es que tiene razón. En El Corte Inglés no hay tipos con sombrero ordenando anacardos. De hecho, en El Corte Inglés no hay hombres ordenando nada. En El Corte Inglés los dependientes hombres se pasean en traje y las dependientas mujeres son las que ordenan todo.

ALGUNOS ENLACES:

1. La página oficial de Harrod´s.

2. La historia de Harrod´s.

Luang Prabang, Laos: visitando la capital espiritual de Asia

Luang Prabang - Monje en puente
Luang Prabang fue la cuna del primer reino lao en 1353, el “Reino del Millón de Elefantes” y es la capital espiritual del país, preñada de templos y monjes budistas que caminan pausados de un lugar a otro. Pero Luang Prabang no es tan silenciosa como antes. El mantra de los monjes comparte las tardes con el ronquido de las motocicletas. Cada vez hay más turismo, pero sigue siendo un lugar especial. Yo iba para dos días y me quedé unos cuantos más, simplemente paseando, tomando cerveza y charlando con la gente. Aquí os dejo algunos de los extractos de mi diario de viaje.

Luang Prabang - templo2

Conversaciones con un monje

Sanguan tiene 17 años y lleva tres como novicio en uno de los templos cercanos a Wat Xien Thong, el más destacado de todos los templos de la pequeña península que forman el río Mekong y el Nam Khan. Nos hemos saludado al cruzar la mirada y me ha invitado a pasar. Habla un decente inglés. Juraría que es mejor que el mío. Se lamenta porque tenía un amigo que le enseñaba inglés pero se ha largado a otro monasterio. Y lo único que le queda es una libreta donde tiene escritas varias frases religiosas y una lista de frutas y vegetales. Todavía va a estar un año más en el templo, aunque le gustaría estudiar y no tiene dinero. Informática o alemán. Estamos sentados a la sombra de un árbol. Le pregunto por su familia. Son campesinos. Pobres. Viven a unas 4 horas en tuk-tuk (no sabe decirme a cuantos kilómetros) y no los ha visto en cinco meses. A finales de la semana que viene termina el retiro de la época de lluvias y podrá salir del monasterio. Así que volverá a casa a visitar a su familia. Insiste en que quiere estudiar. La otra alternativa es trabajar de sol a sol. Lleva su vestimenta naranja, una bolsa con libros, unas sandalias y poco más. Continue reading

Recorriendo el río Mekong en Laos: de Huay Xai a Luang Prabang

Mekong - pueblo

En medio de ninguna parte. O mejor dicho a medio camino entre Huay Xai Luang Prabang. En Pak Beng, la parada obligada de las barcazas que cruzan este tramo del Mekong en Laos. No es más que una calle rodeada de pensiones, penumbra y cada vez más pensiones en construcción. Estoy un poco borracho. Van 2 cervezas Beerlao de medio litro cada una. Y no llegan a un euro. No tengo hambre. Como lo justo para tomar las pastillas de la malaria. Y parezco el único preocupado en que le piquen los bichos. Debe ser que en EEUU no hay seguridad social que les avise. O que son unos intrépidos. Pero el caso es que la barcaza en la que he llegado hasta aquí va llena de guiris en pantalón corto y tirantes. Como mucho se dan crema de sol y punto. Ni antimosquitos ni profilaxis contra la malaria. Así se conquista el mundo entero: soplándoles una vaina lo que les pueda ocurrir.

A Pak Beng se llega después de un día entero navegando el río Mekong en una barcaza que parte de Huay Xai, la ciudad fronteriza con Tailandia. Es tan fácil como dormir en Chiang Rai, tomar un autobús a Chiang Khong y cruzar el río. Y ya estás en Laos. La frontera de un país comunista puede parecer hermética, pero esto más que el blindado acceso a la República Popular de Laos parece el primer día de un campamento escolar. Los militares no dan el alto, tienes que ir a buscarlos. Antes incluso de tener tu visado ya tienes a tipos encima intentando colocarte en un autobús a Luan Nam Tha. Todavía aturdido (se supone que estoy en Laos ¿y ahora qué?) noto a alguien que se me acerca por la izquierda. Es una enfermera con mascarilla que me toma la temperatura. No problem. Adelante. Hago el papeleo. Los militares están despreocupados. Vamos, tocándose los huevos. Supongo que no se esperan una invasión desde la costa tailandesa. Y luego cambio el dinero y por primera vez en mi vida soy millonario. El cambio es de locos y no se donde meter tanto dinero. Parece que acabo de vender medio kilo de cocaína. Pues sí, ya estoy en Laos. Continue reading