Ha vuelto Treme, la serie de David Simon sobre la Nueva Orleans de los meses posteriores al huracán Katrina. Y en el primer capítulo, Davis, un DJ trasnochador les dice a sus oyentes por la radio: “Id a dar una vuelta a escuchar algo de música local, y llevad vuestra pistola”. Un poco después, un inspector de policía recibe una llamada y se trata de un periodista del New York Times preguntando por un crimen en el French Quarter. El final del capítulo es un cadáver en el suelo.
New Orleans es la ciudad del jazz, el Mardi Grass, el Preservation Hall, la comida cajún, la herencia francesa, la relajación de costumbres, los diques del Mississippi, etc. Nueva Orleans son mil ciudades en una, pero también es la ciudad de la violencia, de los barrios olvidados, del racismo, la marginación y de las balas perdidas.

Y aunque el capítulo de Treme se emitirá mucho después de mi llegada a la ciudad, ahora es mediodía y como siempre que piso un lugar por primera vez, compro un par de periódicos para palpar el ritmo de la ciudad y echar un vistazo a la agenda de ocio. Las portadas coinciden. Un crimen. Una pareja que va caminando por el French Quarter al norte de Bourbon Street. Les asaltan dos críos, no tienen ni 17 años. Les apuntan con una pistola, pero antes de que a la pareja le de tiempo a sacar el dinero de los bolsillos, uno de los chavales dispara. La mujer cae al suelo y los críos huyen. Ella muere poco después. Regentaba un negocio en la zona. Era una persona conocida en el barrio. Para cuando estoy leyendo la noticia en el periódico, la policía ya ha atrapado a los asaltantes. En los barrios periféricos hay cadáveres de tanto en cuanto pero cuando la violencia se adentra en el centro turístico las noticias saltan a las portadas y se cuelan en los corrillos de Jackson Square.
Por la noche entro en una tienda de souvenirs buscando una guía de la ciudad. Resulta que la dependienta vivió en España hace décadas, es marroquí y ahora se gana la vida por aquí. Ella me cuenta más detalles del asesinato y sentencia:
- Te matan por nada, por 20 dólares.
El castellano se le ha olvidado, hace mucho tiempo que no lo habla, y conversamos en inglés, aunque en un momento dado recuerda una canción y se pone a pegar gritos en la tienda:
- Si a mí me van a fusilar, qué viva España, si a mí me van a fusilar, que viva España.
Y ahí estoy yo en Nueva Orleans escuchando a una dependienta marroquí cantando que viva España y casi se me ha olvidado que en esta ciudad te vuelan la cabeza por un billete de 20 dólares.

De vuelta al hotel le pregunto a la recepcionista dónde puedo tomar algo y que zona es segura por la noche. Y me señala Bourbon Street y la calle perpendicular que desemboca en ella. Y allá voy, aunque hubiera deseado que como en Treme, la recepcionista se hubiera enrollado y me hubiera recomendado un garito de música en directo donde se divierte la gente de la ciudad, pero no es el caso. Y estoy en Bourbon Street con centenares de turistas gringos borrachos. Con sus licores por la calle, con tías lanzando collares desde las terrazas de los clubs de striptease, con 2×1 en cerveza y policía a caballo y porciones de pizza-to-take-away. Y de repente entre tanto alcohol y tanta fiesta nada improvisada me siento solo y me vuelvo al hotel. Mañana será otro día.
Consejo 1: Bourbon Street es un parque temático del alcohol para gringos reprimidos que no tienen fiestas de pueblo. Olvídala, busca otros lugares en la ciudad.
Consejo 2: Nueva Orleans es peligrosa, pero he estado en tantos sitios supuestamente peligrosos que si hiciera caso a todas las advertencias, no saldría de casa. Así que sentido común y tira millas.
ACTUALIZACIÓN 18-05: Ésta es una historia muy personal y mi pretensión no es atemorizar a la gente que visita New Orleans. De hecho es una ciudad que se puede visitar sin mayores problemas durante el día y por la noche hay que tener las típicas precauciones que dicta el sentido común. Prometo posts más “positivos” próximamente, así que atentos al blog.