¿Unos grandes almacenes son un lugar turístico? El caso de Harrod´s en Londres

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foto de monikabota

Si no entras a unos grandes almacenes para comprar algo, estás allí por tres razones diferentes:

1. Porque estás buscando los baños para salir de un aprieto.

2. Porque estás buscando los baños para hacer el amor.

3. Porque directamente vas a atracar los grandes almacenes.

En eso estoy pensando mientras paseo con Marchena y Antxeta por Harrod´s en el centro de Londres con cara de soy-un-turista-y-no-voy-a-comprar-nada. Hace una media hora estábamos charlando en la calle sobre si entrar o no en Harrod´s:

- Vamos para Harrods ¿no? –ha dicho Antxeta. Marchena y yo no estamos muy por la labor.

- Es como visitar El Corte Inglés -digo más por llevar la contraria que por otra cosa.

- No es como El Corte Inglés.

- Lo importante es el concepto. Si no te molan unos grandes almacenes como El Corte Inglés, tampoco te va a molar Harrod´s porque sea mejor.

Al final hemos entrado y el lugar tiene su gracia. Cuando pasamos por el área de alimentación, Antxeta me suelta señalando a un mostrador:

- Mira ahí. ¿A que en el Corte Inglés no hay un tipo con sombrero ordenando anacardos?

Y la verdad es que tiene razón. En El Corte Inglés no hay tipos con sombrero ordenando anacardos. De hecho, en El Corte Inglés no hay hombres ordenando nada. En El Corte Inglés los dependientes hombres se pasean en traje y las dependientas mujeres son las que ordenan todo.

ALGUNOS ENLACES:

1. La página oficial de Harrod´s.

2. La historia de Harrod´s.

St Bride´s en Londres: la iglesia de los periodistas de Fleet Street

St Bride´s Fleet Street 01

La iglesia de St Bride´s es la iglesia de los periodistas. O de los periódicos. O de la prensa. Es una modesta iglesia en las traseras de Fleet Street, la calle donde germinó la prensa británica en plena City de Londres. La historia viene de lejos. Todo comenzó en torno al año 1.500 cuando Wynkyn de Worde, el aprendiz del impresor William Caxton, trasladó una imprenta desde Westminster a la esquina de la iglesia de St Bride´s. Su jefe, el tal Caxton, había aprendido las técnicas de impresión en Colonia y había levantando una imprenta en la abadía de Westminster. Allí imprimió cerca de 100 libros de todo tipo. Para su jefe era un hobby pero el joven Wynkyn decidió dedicarse al negocio cuando Caxton pasó a mejor vida. El traslado no fue casual: el lugar donde ubicó la imprenta estaba cerca de los clérigos de la Catedral de St Paul, la clase “intelectual” de la época. A Wynkyn de Worde le siguieron otros impresores como Richard Pynson o Thomas Berthelet. Con el paso de los siglos la zona se fue consolidando como el centro londinense de la industria editorial. En el siglo XVI se publicaron los llamados “news-books” y en 1702 llegó el primer periódico de edición diaria, el Daily Courant. Y después más periódicos, y más tarde, agencias de noticias y más medios en Fleet Street, hasta convertirse en la calle de la prensa. Ahora todo eso se ha ido al carajo. Quiero decir que todos los medios se han largado de Fleet Street con los trastos a otra parte. Los últimos en marcharse, Reuters en 2005. Supongo que estarán en edificios más funcionales y baratos. Continue reading

Mind the gap, el soniquete del metro de Londres

Mind the Gap

Mind the gap, por aquí. Mind the gap, por allá. Cuando tomas el metro de Londres no escuchas otra cosa. Es un mantra que recorre las tripas de la ciudad, que ignoras cuando lo has escuchado demasiadas veces o que se convierte en un tinitus aburrido que canturreas sin darte cuenta. “Mind the gap” es la frase que suena cuando se abren las puertas de los vagones del metro para avisarte de que no metas la zanca en el agujero que hay entre el andén y el vagón. En los trenes de Southwest son incluso más claros “Mind the gap between the train and the platform edge”. Por si no te habías enterado.

Y lo primero que piensas es que esto del mind the gap es una chorrada como cualquier otra. Hasta que te tropiezas justo cuando suena el dichoso mind the gap y más tarde un colega te cuenta que se producen más de 170 accidentes al año. Muy pocos, sí, pero los suficientes para que sea necesario mantener el aviso. O quizás sea ya una pieza más del patrimonio histórico del metro londinense. Sí, el “Mind the gap” tiene su historia. Comenzó a utilizarse en 1968 cuando se hizo imposible que los conductores alertaran a los pasajeros del peligro de montar a los vagones en las estaciones curvas en las que el hueco se hacía demasiado grande. Existe hasta una leyenda urbana sobre los murciélagos que pululaban por el metro durante su construcción.

ACTUALIZACIÓN. 10:12: Alejandro Muñiz ha aportado en los comentarios de este blog una información muy interesante sobre la voz del “Mind de gap”. Se llama Emma Clarke. La despedieron por decir que era un horror usar el metro y escucharse a sí misma. Aquí se pueden escuchar las grabaciones originales y también las divertidísimas grabaciones parodia.

Aquí un “mind the gap”:

Aquí un tipo que se la va a meter con el gap por mirarme cuando le estoy sacando una foto:

London Tube

Y otra versión del “Mind the gap”, cortesía de Chris Keene:

Fuck the Gap

Insúltate a tí mismo por SMS

El masoquismo digital ya ha llegado. Meando en los baños de un pub desaliñado de Lavender Hill en Londres, me encontré con este cartel:

Happy Hour de insultos. Manda “insulto” al 542 542 y recibirás en tu móvil cinco insultos cuidadosamente elaborados durante la próxima hora.

Insúltame en inglés

Por cierto el insulto con el que el cartel llama la atención dice lo siguiente:

Tu madre es tan gorda que tiene gente gorda más pequeña orbitando en torno a ella.

Las manifestaciones en Londres son mucho más divertidas

Las manifestaciones en España son un rollo. Y en Euskadi ni os cuento. En general, se trata de poner cara de mala hostia y gritar alto. Antes llegan unos tipos y reparten banderas, pancartas y algunas pegatinas. Las manifas son así, muy necesarias, imprescindibles para que los de siempre no nos tomen el pelo, pero a ratos un poco aburridas y con aroma leninista. Porque en España (y en Euskadi) casi todo es leninista: en los partidos mandan las ejecutivas, en las empresas los jefes y en las manifestaciones los que llevan el altavoz. Hay excepciones, claro.

Así que cuando paseando por el mercado de Brick Lane en Londres me topé con esta manifestación, pensé en que un poco de creatividad y buen humor no tienen porque estar reñidos con las ganas de denunciar una injusticia.

Aquí están protestando frente a las tiendas de ropa contra el uso de piel de animales.

Manifa anti-pieles 01

Manifa anti-pieles 03

Manifa anti-pieles 02

Brixton, Londres: Reggae, cerveza, sangre y una cena eritrea

Hemos llegado media hora antes de lo previsto, pero el colega al que esperamos ya está merodeando en las afueras de la estación de metro. Estamos en Brixton, el barrio afro-caribeño de Londres, fuera de las rutas turísticas de la ciudad. Y como todo lo que se sale de los márgenes de los mapas, como todo lo que está al sur y todo lo que no es una tez blanca, Brixton tiene mala fama. Peligrosa y borracha, pero a la vez diversa y con interesantes raíces musicales.

Pateamos rápido por las calles cercanas al metro. Como si llegáramos tarde a alguna parte aunque todavía quedan casi tres horas para la cita que tenemos con la mujer del colega. Es domingo por la noche y el mercado está tranquilo. Casi todo cerrado, salvo las carnicerías orientales, sin clientes, y con todos esos animales descuartizados colgando de las paredes.

Carniceria Brixton Market

Brixton - mercado

Ahí vamos charlando de nuestras cosas, cuando el colega nos cuenta:

-    El otro día hubo una fiesta en nuestro edificio. Una pasada. Había sangre en el pasillo, ruidos por todas partes, un charco de meada

Varios segundos de silencio y sigue:

-    Mis amigos creen que vivo en el Bronx, pero no es para tanto.

Si él lo dice.

Atravesamos varias calles de casas bajas, salones iluminados y pantallas planas de miles de pulgadas. No debe ser tan jodido este barrio si puedes tener una casa de techos altos con una tele en alta definición. Una de esas calles oscuras desemboca en un pub que corona una esquina solitaria. Lo primero que llama la atención del garito es que hay blancos y negros. No sólo blancos. No sólo negros. Juntos pero no revueltos aunque blancos y negros al fin y al cabo. Los blancos tienen cara de alcohólicos y los negros van bien vestidos. Los blancos beben cerveza sin parar y algunos negros están comiendo pollo con arroz. Aunque ahora que lo recuerdo hay una pareja extraña, de esas que parecen haber vivido mucho, que esta al fondo del pub junto a los baños. El blanco. Ella negra.

Las pintas caen una tras otra. Paro a la tercera cerveza. “Red Stripe”, jamaicana. La música aparece después de que termine un partido de la Premier League. Pinchan reggae haciendo honor a la cerveza y a la tradición del barrio. Cuando más tarde salgo a la calle a fumar un cigarro se me acerca un rastafari pidiéndome tabaco. Así es Brixton.

Londres - Red Stripe en Brixton

Cambiamos a otro pub, pero la magia se va por el desagüe. Están poniendo un reality por televisión y hace frío. Mientras esperamos a su mujer, el colega nos cuenta:

- Tengo un amigo en Londres que por las mañanas se mete en la página web del Marca y copia los artículos a un archivo de word. Un pequeño truco para que sus compañeros se crean que está trabajando en algún informe cuando realmente se pasa la mayor parte de la mañana leyendo el Marca. Y cuando se larga de la oficina, imprime los artículos deportivos que le han quedado por leer. Siempre quedas bien si te llevas trabajo a casa, me suele decir. Un auténtico crack.

Londres - Restaurante Asmara

Ha llegado su mujer y nos vamos a cenar a un restaurante eritreo. El Asmara se llama. En realidad pensábamos que era etíope, pero en el mapa que preside el comedor queda bien claro. Restaurante eritreo. Nos sentamos alrededor de una mesa y pedimos el menú con un poco de todo. Sobre una especie de pan de crep llamado injera está la comida, cordero y pollo (derho alicha) con diferentes salsas, casi todas picantes, picantes normal o picantes de llorarte los ojos. Se come con las manos. En concreto, con la mano derecha porque la izquierda es para lavarse el culo. Dice la tradición, según nos cuenta el colega.

-    Mi chica es zurda y cuando estuvimos en África cogía la comida con la izquierda. Dormíamos con una familia de allí y cada vez que lo hacía, digamos que surgía cierta tensión.

Brixton - Comida eritrea en Asmara

Así que nos llevamos la comida a la boca con la mano derecha. Cojonuda. Muy buena de verdad. Sobre todo si te gusta la comida especiada o algo que sea diferente. De postre café aromatizado y una conversación surrealista en italiano con la dueña del Asmara. Y para casa. Bye, bye, Brixton.

Cómo llegar a Brixton

Fácil. Toma la línea azul (Victoria Line) del metro hasta la última parada al sur de la ciudad. La parada se llama Brixton.

Lo primero que vi cuando llegué a Londres

Cabinas teléfonicas en Londres

El tren que viene del aeropuerto nos ha dejado en la estación de Liverpool Street y todavía nos queda un buen rato en metro hasta llegar al apartamento de Camdem Town. Pero antes de seguir hacia el norte de Londres, salimos fuera de la estación a fumar un cigarro. Es mi primera visión de Londres. Y ésta es la escena: hay un tipo barrigudo pero elegante fumando en pipa y con pinta de ser miembro de la Sociedad Geográfica de Londres, pasa otro con un gorro estilo Sherlock Holmes y se le cruza un bobby con su sombrero con forma de huevo. Es mi primera vez en Londres y todo es demasiado londinense.

Antxeta que está al lado dice:

- Hace años, cuando pisé por primera vez Londres, lo primero que vi al salir de la estación fue a una mujer corriendo en bañador con una toalla bajo el brazo.

Lo suelta y seguimos la conversación como si nada. Son las cosas de Londres. Las situaciones más extravagantes tienen ese aire de normalidad.

Un par de horas después estamos caminando por Camdem Town. Góticas delgadas, yonquis con abrigos militares, sombreros de mapache, un negro diciéndole a una cara llena de piercings “she is lucky in prostitute” o algo así, pelirrojas con hula hoop, pelirrojos con bata, burkas con ojos sonrientes… Esta tarde soy un paleto y giro la cabeza cada veinte metros. Mañana será otra historia. Welcome to London, mate.