Hopson Plantation o la historia de la cosechadora que abrió el blues al mundo

No entiendo ni papa de lo que dice el taxista negro. Tengo un problema con los taxistas negros. Puedo comprender lo que me dice un negro en un autobús, en un pub o en la calle, pero los taxistas negros parece que hablaran en arameo. Ni puta idea de lo que me cuentan. Evidentemente el problema es mío y no de ellos. El taxista sigue hablando y adivino algo relacionado con su mujer, enferma, quizás en el hospital, pero no estoy muy seguro. No comprendo casi nada, sólo algunas palabras sueltas pero en Clarksdale le he pedido que me llevara a Hopson Plantation y aquí estoy. Al más puro estilo de las pelis de los años 50, le pido que venga a recogerme en una hora, aunque vista la soledad del lugar me entran ganas de apostillar que si a la vuelta no se encuentra a nadie, llame por favor a la policía. Pero al final me rajo. No soy un valiente, pero tampoco un cagapañales. O eso quiero pensar al menos.

Hopson Plantation - Commisary

El taxista se larga y giro la mirada hacia Hopson Plantation. Hay varios edificios gigantescos de chapa y un par de furgonetas desvencijadas.

Hopson Plantation - Almacén

No hay moros en la costa, aunque no es difícil imaginarse el trajinar diario de esta plantación de algodón a principios del siglo pasado. Con los patrones blancos dando órdenes y los currelas negros asintiendo resignados. Como dice Steve Cheseborough es irónico que esta plantación se haya convertido en una de la paradas obligadas del Delta del Mississippi cuando su historia es precisamente la del éxodo de la cultura blues. Hopson fue la primera plantación que en los años 40 sembró y cosechó el algodón de forma íntegramente mecánica. Las dichosas cosechadoras. El resto es la historia que ya conocemos: miles de campesinos negros abandonaron el Delta del Mississippi para buscarse la vida en las ciudades del norte. Un éxodo del que el Delta no se ha recuperado todavía. Es una de las zonas de Estados Unidos más pobres y menos pobladas.

Hopson Plantation - Cotton

Escucho un sonido metálico y rítmico y le sigo la pista hasta un tipo con una barriga incipiente que está dando mazazos a una pieza de metal. Es lo que se conoce como enderezar un bollo a hostias. No lo he dicho pero parte de los edificios de Hopson Plantation son ahora el Shack Up Inn, un alojamiento para turistas en medio del Delta. Supongo que el tipo del mazo trabaja aquí. Le pregunto si puedo echar un vistazo por los alrededores. Me mira. No problem, man. Y sigue dándole al mazo. No es un hombre de grandes conversaciones, así que sigo caminando hasta la puerta del lobby.

Hopson Plantation - Shack Up Inn

Entro y echo un vistazo por dentro sin percatarme de que hay un tipo recostado junto a una pequeña chimenea. Me acerco y juraría que es el mismísimo Stephen King. Es un calco.

- Hello -digo.

- Hello -me saluda y añade – ¿Do you know what does B&B means? (¿Sabes lo que significa B&B?)

Claro que sí, le contesto. B&B es Bed and Breakfast. Cama y desayuno.

- Not here. Here it´s Bed and Beer. (No aquí. Aquí es Cama y Cerveza)

Sonrío como quien reacciona a un buen chiste, pero el tipo lo ha dicho de una forma tan peculiar que no está muy claro que se trate de un chiste o el inicio de una película que puede terminar con mi cuerpo en las aguas del Mississippi. Me despido y salgo.

Hopson Plantation - Icecold

Hopson Plantation - Gasoil

Como han cambiado las cosas. Ya no hay negros por aquí. Sólo dos blancos extraños y amables que regentan un apetecible B&B. Los negros se fueron al norte y con ellos viajo su música. El blues. Sí, fue una jodida cosechadora la que empujó el blues hacia Chicago y de allí al resto del mundo. En la guía que llevo encima cuentan que aquí vivió y trabajó en los 40 el bluesman Pinetop Perkins que en su día tocó el piano con Sonny Boy Williamson y Muddy Waters. Todavía hoy se organizan un buen puñado de conciertos en la plantación Hopson.

No es un mal sitio Hopson Plantation. Y por lo que se ve es un lugar donde se puede escuchar buen blues. En el próximo viaje me hospedo aquí.

Hopson Plantation - Vías de tren

Alatav, musica en las calles de Estambul

El tipo que toca el santur cierra los ojos cuando canta y de su voz sale un lamento folk procedente de Anatolia. Se llama Ahmet “Hemo” Ozturk. Aunque eso no lo sabré hasta mucho después, cuando descubra en internet que él es el lider de la banda Alatav. Ahora están, como estas últimas tardes, en uno de los extremos de la Avenida Istiklal (Istiklal Caddesi), uno de los lugares imprescindibles de Estambul, la calle principal de la orilla europea de la ciudad. Cuando empiezan a tocar las primeras notas, algunos peatones miran curiosos y otros pasan de largo, pero cuando “Hemo” levanta la frente y canta, en ese preciso momento, te quedas ahí parado, pensando en todas esas historias mezcladas de melancolía y belleza. O simplemente pensando en nada. Escucho una canción. Y luego, otra. Hasta que pasan la gorra y les compro un disco.

Si te pasas por la Avenida Istiklal antes del anochecer, búscalos.

The Crossroads en Misisipi: donde el bluesman Robert Johnson vendió su alma al diablo

Llego en un autobús de Greyhound con un puñado de pasajeros con pinta de ex-presidiarios. Soy el único que se baja en Clarksdale, una pequeña ciudad del Delta del Mississippi, donde nació John Lee Hooker y donde se forjó la leyenda de uno de las grandes del blues, Robert Johnson.

Clarksdale crossroads aledaños

Bueno en realidad no estoy todavía en la ciudad, sino en una carretera que pasa por las afueras. Así que empiezo a caminar por el arcén, entre gasolineras abandonadas y algunos negros que pasan en coche mirándome por el retrovisor. Y un poco más adelante: The Crossroads, el cruce de caminos donde la leyenda cuenta que Robert Johnson vendió su alma al diablo para convertirse en una estrella del blues. Éste es el famoso Crossroads del Delta del Mississippi, la intersección de las dos autopistas principales, la 49 y la 61, aunque con toda probabilidad éste no es el lugar al que hace referencia Johnson en “Cross Road Blues”.

I went to the cross road, fell down on my knees

Asked the Lord above, “Have mercy, save poor Bob if you please”

Si Johnson u otro músico de blues hubiera querido vender su alma al diablo, habría elegido un lugar más remoto. Esto no es nada romántico, una tienda de donuts y el famoso Aber Bar B-Q´s, además del poste que recuerda que estamos en The Crossroads.

Clarksdale crossroads

En todo caso, The Crossroads es el cruce de los dos grandes caminos que tomaron los músicos del blues cuando en las primeras décadas del pasado siglo emigraban hacia el norte o simplemente deambulaban por los alrededores, pero ¿por qué tantas viejas historias referidas al diablo y los cruces de caminos?

Según cuenta Steve Cheseborough en su guía “Blues Traveling. The Holy Sites of Delta Blues” el origen está en las reminiscencias de la religión Yoruba que llegó con los esclavos procedentes de África. En Yoruba, los cruces de caminos pertenecen al dios Eshu y es en ellos donde se reconoce la verdad y se toman las grandes decisiones de la vida. Con el tiempo, esa oración se convirtió en la historia de los músicos que se perdían en los cruces de caminos para vender su alma al diablo a cambio de un don musical que los sacase de las plantaciones de algodón.

No existe ninguna prueba de que Robert Johnson hiciera un pacto con el diablo en alguno de esos cruces de caminos. Músicos como Son House y Willie Brown recuerdan como Johnson aporreaba la guitarra sin sentido, pero un tiempo después, como un año después, Robert Johnson tomó la guitarra y los dejó boquiabiertos. El diablo no tenía nada que ver, eran las horas y horas de práctica sentado en el porche de su casa, lo que los músicos de jazz llaman woodshedding.

Ahí estoy pensando en Robert Johnson y el sombrero que lleva en las pocas fotografías que han quedado para la posteridad. Saco unas cuantas fotos y cruzo al otro lado de la carretera. Entro en una gasolinera a comprar tabaco y la dependienta, una negra culona con cara de ser feliz, me pregunta hasta tres veces:

- What the hell are you doing here?

Salgo y giró hacia el centro, pero ésa es otra historia.

La tienda de discos de “Alta Fidelidad” existe en Chicago

Si te gustan las tiendas de discos, grababas cintas de música en tu adolescencia y eres adicto al olor de los vinilos, adorarás “Alta Fidelidad“, la peli en la que John Cusak regenta junto a un par de colegas Championship Vinyl, la tienda de discos más divertida de la historia del cine.

La peli abandona Londres, el escenario original de la novela de Nick Hornby, para trasladarse a uno de los barrios más culturetas de Chicago: Wicker Park. Un puñado de calles con buenas librerías, melómanos y vendedores de fanzines. Los productores de la peli alquilaron un local vacío en el númeo 1500 de la North Milwaukee Avenue de Chicago y montaron allí la tienda. Cuando terminaron la película se llevaron los trastos. Pero en esa misma calle puedes encontrar la tienda de discos más parecida a la de ”Alta Fidelidad”. En el número 1532 está Reckless Records. Un mundo donde el imperio de las descargas no ha vencido. Vinilos de segunda mano, tipos agafapastaos ayudando a los clientes, algunos CDs en oferta y buena música de fondo. Estuve por allí un buen rato pero al final no compre nada. Me dejé la pasta en una tienda de fanzines de la que os hablaré esta semana.

Reckless Records

Foto de Patrick

MÁS INFO:

  1. Los lugares donde se rodó “Alta Fidelidad” en Chicago
  2. Un tour por el Chicago de la película.

Los punkis del tercer mundo son punkis de verdad

Los punkis del tercer mundo son punkis de verdad, lo que no quiere decir que haya punkis del primer mundo que no lo sean. O mejor dicho, que lo hayan sido porque hoy por hoy el movimiento está fagocitado por Mango, Zara y la MTV. Pero el caso es que los punkis del tercer mundo son punkis de verdad. Siempre que esa verdad signifique clandestinidad, marginación e hígados despedazados por el alcohol.

Un ejemplo, Cuba, 1995, en pleno “periodo especial” de apagones y bicicletas chinas. Yo andaba por allí por historias que no vienen a cuento y conocimos a unos cuantos punkis en La Habana.  Una docena. No creo que fueran más. Llevaban el pelo largo y escuchaban “La Polla Records”. Yo no lo podía creer. Entonces no había internet ni leches. Estaban escuchando a una banda de música que había nacido cerca de mi ciudad. “La Polla Records” en La Habana. Como un obispo en Chueca, vamos. No recuerdo como habían conseguido las cintas. Supongo que se las pasaron unos turistas. Así que allí estaba esa docena de punkis poniéndose ciegos y jodidos por el sistema. Tenían que andarse cuidado o les podían caer unas cuantas patadas en un callejón oscuro. No sé como será ahora pero hace 15 años en Cuba si eras tío y llevabas el pelo largo, te llamaban “mujercita” o “mariconson”.

Otro ejemplo, en Potosí, en Bolivia, hace menos tiempo. Allí también conocí a otra cuadrilla de punkis nómadas. Me topé con ellos gracias a un viajero con el que me había cruzado en Sucre, un auténtico pirado encantador que era capaz de sobrevivir una semana a zumos y dormir en pensiones mugrientas con tal de estirar el presupuesto del viaje lo máximo posible. Compartían farras y pasaban el día deambulando por las calles de Potosí.  Una vez me ofrecieron un trago. El bote era de esos que se venden en farmacias y que contienen alcohol de 96 grados. Lo habían mezclado con un par de chorros de refresco. Lo curioso de la historia es que en las minas que dominan la ciudad, muchos mineros toman lo mismo: alcohol casi puro para soportar la condena de trabajar en las entrañas de la montaña a cambio de un puñado de pesos. Rechacé la invitación y seguí bebiendo cerveza.

Punkis Leiden Holanda

Esta foto es de unos punkis más monos. Los vi pasar sobre uno de los puentes de la localidad holandesa de Leiden.

Aclaración: Lo más correcto sería utilizar el término “Los punkis de los países en vías de desarrollo” o “Los punkis de los países del Sur” pero por razones estrictamente literarias he preferido la fórmula “Los punkis del tercer mundo”.

Observación ortográfica: Aparentemente el plural de punki es punks, pero en mi casa siempre hemos dicho punkis.