“Los alemanes querían meternos a vivir en un barracón”

Le llamo por teléfono sobre las diez de la mañana:

- ¿Qué tal, Daniel? ¿Cómo estás?

- Algo mejor, pasando el disgusto poco a poco.

La tarde anterior había leído sus mensajes en Twitter y me habían noqueado. Comprobé su historia, revisé unos cuantos documentos y quedamos en hablar a la mañana siguiente. Yo estaba de vacaciones, pero iba a pasarles la historia a mis compañeros de Radio Valladolid de la Cadena Ser.

 

 

 

 

 

De la conversación con Daniel:

“Llegamos allí, 3 compañeros ferrallistas y yo, en coche, desde Valladolid hasta Wolsburgo en Alemania. Íbamos para trabajar al menos 6 meses y quizás años. Nos habían prometido un piso para vivir y si acaso una pensión al principio, pero cuando llegamos al lugar, nos encontramos una vieja escuela, abandonada o algo parecido. Habían levantado unas paredes de pladur en el interior para dividir el espacio en varias estancias. Sacaron a cinco trabajadores de una de ellas, eran albanokosovares y turcos, y nos dijeron que teníamos que dormir allí. En colchones tirados en el suelo. Un baño para 30 personas. Una cocina para 30 personas. En la construcción nos ha tocado vivir de todo, pero nunca esto. Antes de los años de bonanza había mucho pistolero en España, tenías que cogerles del cuello y decirles “o pagas o cobras”. ¡Que nos engañaran de esta manera! Casi se nos saltaban las lágrimas de rabia viendo aquel barracón y con las maletas llenas de ropa y pensando que quizás llevaríamos allí a nuestras familias. Hicimos un par de llamadas a la persona que nos había contratado en España pero no logramos solucionar nada. Habíamos tenido una entrevista con él en Murcia y nos prometió un piso, pero ahora nos decían que tendríamos que ir acostumbrándonos a aquello. ¿Quién coño iba a vivir allí después de 10 horas en la obra? Los alemanes querían meternos a vivir en un barracón.”

Ayer entrevistaron a Daniel en la Cadena Ser en Valladolid. Hoy ha salido publicado en algunos periódicos locales y un canal de televisión anda detrás de la historia. Twitter es un foco de rumores, pero también está repleta de historias que merecen la pena ser contadas. Sólo hay que echar un vistazo para encontrarlas.

Y, por cierto, al “milagro” económico alemán, habría que dejar de llamarlo “milagro”.

La central nuclear de Cofrentes arde en Twitter

En medio de la vorágine por la victoria de España en la Eurocopa, un rumor empezó a extenderse como la pólvora en Twitter. La central nuclear de Cofrentes estaba en peligro, rodeada por el fuego de los incendios de Valencia. Al final, y después de más de una hora de mensajes apocalípticos, todo quedó en un bulo.

No he conseguido localizar el origen de los rumores, pero uno de los primeros tuits en darle eco a la información fue éste (a esa hora con más de 2.000 retuits):

La cuenta de @BomberosCM no es una cuenta oficial, como ellos mismos han intentado aclarar. Su bio en Twitter dice lo siguiente:  ”El Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid está en peligro de extinción. Si quieres saber por qué, ¡síguenos!”. Se trata de una cuenta reivindicativa sobre la situación de los bomberos madrileños.

40 minutos después publicaban el siguiente mensaje:

Después, les honra, pidieron disculpas.

 

Aunque para entonces al menos un medio ya había mordido el anzuelo. Telecinco lo llevó a la portada de su web citando a los Bomberos de Madrid. Después borraron esa información. Una pena no haber andado rápido para hacer un pantallazo.

Regla número 1: No publiques nada en Twitter que no esté confirmado.

Regla número 2: Intenta confirmarlo. Pide más información en Twitter y pega unos cuantos telefonazos. Busca otras fuentes. Repasa las bios de quienes publican las informaciones, ponte en contacto con ellos, pregúntales de dónde han sacado la información…

 

Y esto no es un debate para enfrentar a las fuentes oficiales con las fuentes oficiosas. Bastaría recordar lo de los “hilillos de plastilina” de Rajoy para entender que las fuentes oficiales pueden tener intereses distintos a los de la necesidad de una información pública veraz. Pero no es el debate en este momento. Se trata de algo tan sencillo como intentar confirmar las informaciones que se publican. En un periódico, en Twitter o donde sea.

 

A todo esto, empezaron a circular informaciones sobre fallos en el sistema eléctrico de la central, pero eran noticias enlazadas con fecha de al menos 48 horas antes. La guinda del pastel fue esto:

Cuando la realidad era esta otra:

 

La foto está obtenida desde Montserrat. No desde Cofrentes.

Yo ya no me fío ni de Vicente del Bosque.

Por cierto, a los periodistas antitecnológicos que tengan la tentación de usar este post para alertar de los peligros de Twitter, les diré que conozco a periodistas que han matado a más gente que la malaria. Y no existía Twitter.