Una noche en Ground Zero, el club de blues de Morgan Freeman en el Mississippi

Ground Zero´s 03

Estados Unidos tiene dos cosas que me encantan. Una, la gente te saluda con un Where are you from?. Dos, puedes sentarte en la barra de cualquier garito del país que siempre habrá alguien que te de palique. Estoy en el Ground Zero Blues Club. Es un club de blues en la ciudad donde supuestamente nació el blues, Clarksdale, en el estado de Mississippi. No es un juke joint pero es lo más parecido en un martes cualquiera donde el resto de tascas están cerradas. Los juke joint son unos locales donde desde hace décadas los negros se juntan a tocar blues después del curro, llevan cerveza y a veces comen algo. Hoy está todo cerrado, salvo el Ground Zero, el local de blues de Morgan Freeman. Sí, el actor. Y no, Morgan no está por aquí.

Así que es martes y todavía no ha empezado el concierto programado para esta noche. No hay mucha gente. Dos docenas de personas. Un par de turistas y el resto es esa gente de Clarksdale que no puede dejar pasar un día sin tomarse unas cervezas y escuchar algo de blues. Hago tiempo comiendo una hamburguesa. Una Mambo Jambo con patatas. Y mientras la banda está afinando sus instrumentos, se me acerca un tipo de mediana edad con su alegre where are you from y todo lo demás. Se llama Mike y también viaja sólo hacia Nueva Orleans. Está incrédulo mirándome. ¿Qué coño haces en este pueblo? insiste. Conoce España de sus tiempos en la Marina. Palma de Mallorca. Nice girls, nice girls. Me invita a cervezas y le invito a cervezas. Y de vez en cuando intercambiamos unas palabras.

Ground Zero´s Club 02

El grupo de música ya está tocando. Canta la dueña del Cat Head, una tienda de folk-blues que he visitado esta mañana. Al bajo, una rubia chisposa, en la guitarra un joven barbudo con gorra y en la batería, un negro brioso. Y suenan bien. Pido otra cerveza y se me acerca un rubio espigado con barba de unos 50 tacos:

– Eso que tocan es blues, es lo único que se escucha en Clarksdale. La mejor música del mundo. Como se te ocurra tocar rock en esta ciudad, te echan a patadas.

Se llama John y continúa hablando de Clarksdale.

– En este pueblo no hay ningún gilipollas.

Y yo asiento, claro. En el escenario, el concierto se ha convertido en una jam session. Ha aparecido Mr. Terry, el padre de todos los ciudadanos de Clarksdale y después un par de negros gigantones. Y ahí están turnándose, prestándose los instrumentos, negros y blancos juntos, en medio del Mississippi, versioneando canciones de BB King.

John saca otras dos cervezas y seguimos hablando de política. Me dice que George Bush es un buen tipo que quizás tomó decisiones equivocadas y continúa:

– En Europa siempre estáis con lo mismo a cuestas. La paz por aquí. La paz por allá. Fuck you. Si te ponen una bomba tienes que matarlos a todos. A su familia, a sus hijos. A todos.

Ahora que la cerveza se me ha subido a la cabeza, le respondo que tampoco pueden ir por ahí bombardeando todo lo que les apetece. Pero se lo suelto muy amablemente. Hace no tanto tiempo unos tipos con capirote blanco andaban haciendo de las suyas en esta parte del Mississippi, así que se lo digo muy cortés y él insiste en que tanta verborrea pacifista no lleva a ningún sitio. Y ahí seguimos a lo nuestro y se acerca un barbudo borracho con un peto vaquero diciéndome que es el padre del otro barbudo joven que toca en el grupo. Y yo respondiéndole: ok, ok. Y John mirándome y diciéndome:

– Tranquilo, los rednecks son tipos barbudos con escopetas, pero son buena gente.

Cierra el Ground Zero y John me invita a su casa. Seguimos bebiendo y escuchando blues. Y discutiendo de política. Y antes de volver a mi habitación, que por cierto, está en el piso superior del Ground Zero, intercambiamos direcciones y prometemos escribirnos. Pero como pasa casi siempre, ésa es la primera y última vez que hablaremos. Una gran noche. Una borrachera memorable en el Mississippi.

Ground Zero´s Club 01

Hopson Plantation o la historia de la cosechadora que abrió el blues al mundo

No entiendo ni papa de lo que dice el taxista negro. Tengo un problema con los taxistas negros. Puedo comprender lo que me dice un negro en un autobús, en un pub o en la calle, pero los taxistas negros parece que hablaran en arameo. Ni puta idea de lo que me cuentan. Evidentemente el problema es mío y no de ellos. El taxista sigue hablando y adivino algo relacionado con su mujer, enferma, quizás en el hospital, pero no estoy muy seguro. No comprendo casi nada, sólo algunas palabras sueltas pero en Clarksdale le he pedido que me llevara a Hopson Plantation y aquí estoy. Al más puro estilo de las pelis de los años 50, le pido que venga a recogerme en una hora, aunque vista la soledad del lugar me entran ganas de apostillar que si a la vuelta no se encuentra a nadie, llame por favor a la policía. Pero al final me rajo. No soy un valiente, pero tampoco un cagapañales. O eso quiero pensar al menos.

Hopson Plantation - Commisary

El taxista se larga y giro la mirada hacia Hopson Plantation. Hay varios edificios gigantescos de chapa y un par de furgonetas desvencijadas.

Hopson Plantation - Almacén

No hay moros en la costa, aunque no es difícil imaginarse el trajinar diario de esta plantación de algodón a principios del siglo pasado. Con los patrones blancos dando órdenes y los currelas negros asintiendo resignados. Como dice Steve Cheseborough es irónico que esta plantación se haya convertido en una de la paradas obligadas del Delta del Mississippi cuando su historia es precisamente la del éxodo de la cultura blues. Hopson fue la primera plantación que en los años 40 sembró y cosechó el algodón de forma íntegramente mecánica. Las dichosas cosechadoras. El resto es la historia que ya conocemos: miles de campesinos negros abandonaron el Delta del Mississippi para buscarse la vida en las ciudades del norte. Un éxodo del que el Delta no se ha recuperado todavía. Es una de las zonas de Estados Unidos más pobres y menos pobladas.

Hopson Plantation - Cotton

Escucho un sonido metálico y rítmico y le sigo la pista hasta un tipo con una barriga incipiente que está dando mazazos a una pieza de metal. Es lo que se conoce como enderezar un bollo a hostias. No lo he dicho pero parte de los edificios de Hopson Plantation son ahora el Shack Up Inn, un alojamiento para turistas en medio del Delta. Supongo que el tipo del mazo trabaja aquí. Le pregunto si puedo echar un vistazo por los alrededores. Me mira. No problem, man. Y sigue dándole al mazo. No es un hombre de grandes conversaciones, así que sigo caminando hasta la puerta del lobby.

Hopson Plantation - Shack Up Inn

Entro y echo un vistazo por dentro sin percatarme de que hay un tipo recostado junto a una pequeña chimenea. Me acerco y juraría que es el mismísimo Stephen King. Es un calco.

– Hello -digo.

– Hello -me saluda y añade – ¿Do you know what does B&B means? (¿Sabes lo que significa B&B?)

Claro que sí, le contesto. B&B es Bed and Breakfast. Cama y desayuno.

Not here. Here it´s Bed and Beer. (No aquí. Aquí es Cama y Cerveza)

Sonrío como quien reacciona a un buen chiste, pero el tipo lo ha dicho de una forma tan peculiar que no está muy claro que se trate de un chiste o el inicio de una película que puede terminar con mi cuerpo en las aguas del Mississippi. Me despido y salgo.

Hopson Plantation - Icecold

Hopson Plantation - Gasoil

Como han cambiado las cosas. Ya no hay negros por aquí. Sólo dos blancos extraños y amables que regentan un apetecible B&B. Los negros se fueron al norte y con ellos viajo su música. El blues. Sí, fue una jodida cosechadora la que empujó el blues hacia Chicago y de allí al resto del mundo. En la guía que llevo encima cuentan que aquí vivió y trabajó en los 40 el bluesman Pinetop Perkins que en su día tocó el piano con Sonny Boy Williamson y Muddy Waters. Todavía hoy se organizan un buen puñado de conciertos en la plantación Hopson.

No es un mal sitio Hopson Plantation. Y por lo que se ve es un lugar donde se puede escuchar buen blues. En el próximo viaje me hospedo aquí.

Hopson Plantation - Vías de tren

En un autobús Greyhound hacia Mississippi

En la estación de Greyhound en Memphis. Todos son negros. Salvo una rubia con el pelo lacio y un cowboy con una mochila azul. Una fila larga está embarcando a Nueva Orleans. Cerca, un autobús vomita grasa y otros líquidos desconocidos. Monto en el mío, en el que me lleva a Clarksdale, y me siento en la quinta fila. Dos negros hablan a gritos de una punta a otra del autobús. Uno se acerca y se sienta justo detrás y comienza a escuchar rap y a gritar “What´s up! What´s up!”. No es por mí, uf, le habla a una chica que está sentada al lado. Seguimos parados en la estación cuando al rato para un bus procedente de Kansas City. Entran dos blancos, uno gordo, camiseta de Penn State y un refresco en la mano. El otro es un pirado, ropa de camuflaje y la mirada perdida. El chofer actúa como el león en sus dominios. Se pasea por el pasillo y mira desafiante a los adolescentes chillones. El bus arranca y el chofer toma la palabra y nos suelta por el micro: “Atención, pido una oración por Obama”. Paso el tiempo intentando esclarecer algo de lo que farfullan los raperos. Mad plus gun, madtime o algo parecido escucho en un momento. Atravesamos la frontera entre los estados de Tennessee y Mississippi. Hay campos extensos de labranza por todos los lados, pero apenas se ven personas. La mayoría hace mucho tiempo que emigraron al norte. Cuando dejaron de ser útiles para recoger algodón. Varias horas después, el autobús para y soy el único que se baja en la estación de Clarksdale, pero ésa es otra historia.

The Crossroads en Misisipi: donde el bluesman Robert Johnson vendió su alma al diablo

Llego en un autobús de Greyhound con un puñado de pasajeros con pinta de ex-presidiarios. Soy el único que se baja en Clarksdale, una pequeña ciudad del Delta del Mississippi, donde nació John Lee Hooker y donde se forjó la leyenda de uno de las grandes del blues, Robert Johnson.

Clarksdale crossroads aledaños

Bueno en realidad no estoy todavía en la ciudad, sino en una carretera que pasa por las afueras. Así que empiezo a caminar por el arcén, entre gasolineras abandonadas y algunos negros que pasan en coche mirándome por el retrovisor. Y un poco más adelante: The Crossroads, el cruce de caminos donde la leyenda cuenta que Robert Johnson vendió su alma al diablo para convertirse en una estrella del blues. Éste es el famoso Crossroads del Delta del Mississippi, la intersección de las dos autopistas principales, la 49 y la 61, aunque con toda probabilidad éste no es el lugar al que hace referencia Johnson en “Cross Road Blues”.

I went to the cross road, fell down on my knees

Asked the Lord above, “Have mercy, save poor Bob if you please”

Si Johnson u otro músico de blues hubiera querido vender su alma al diablo, habría elegido un lugar más remoto. Esto no es nada romántico, una tienda de donuts y el famoso Aber Bar B-Q´s, además del poste que recuerda que estamos en The Crossroads.

Clarksdale crossroads

En todo caso, The Crossroads es el cruce de los dos grandes caminos que tomaron los músicos del blues cuando en las primeras décadas del pasado siglo emigraban hacia el norte o simplemente deambulaban por los alrededores, pero ¿por qué tantas viejas historias referidas al diablo y los cruces de caminos?

Según cuenta Steve Cheseborough en su guía “Blues Traveling. The Holy Sites of Delta Blues” el origen está en las reminiscencias de la religión Yoruba que llegó con los esclavos procedentes de África. En Yoruba, los cruces de caminos pertenecen al dios Eshu y es en ellos donde se reconoce la verdad y se toman las grandes decisiones de la vida. Con el tiempo, esa oración se convirtió en la historia de los músicos que se perdían en los cruces de caminos para vender su alma al diablo a cambio de un don musical que los sacase de las plantaciones de algodón.

No existe ninguna prueba de que Robert Johnson hiciera un pacto con el diablo en alguno de esos cruces de caminos. Músicos como Son House y Willie Brown recuerdan como Johnson aporreaba la guitarra sin sentido, pero un tiempo después, como un año después, Robert Johnson tomó la guitarra y los dejó boquiabiertos. El diablo no tenía nada que ver, eran las horas y horas de práctica sentado en el porche de su casa, lo que los músicos de jazz llaman woodshedding.

Ahí estoy pensando en Robert Johnson y el sombrero que lleva en las pocas fotografías que han quedado para la posteridad. Saco unas cuantas fotos y cruzo al otro lado de la carretera. Entro en una gasolinera a comprar tabaco y la dependienta, una negra culona con cara de ser feliz, me pregunta hasta tres veces:

– What the hell are you doing here?

Salgo y giró hacia el centro, pero ésa es otra historia.

Hay días que me gustaría poder elegir al sheriff de mi ciudad

Deambulo con la mochila al hombro por los barrios negros de Clarksdale, Mississippi. Clarksdale es una pequeña ciudad donde se rasgaron los primeros acordes de blues de la historia y donde el guitarrista Robert Johnson vendió su alma al diablo. En futuros posts hablaré de todo eso y de la plantación Hopson y de las borracheras de los rednecks del lugar, pero a esta hora camino por calles desoladas en dirección a las vías del tren, cuando me tropiezo con este cartel.

Andrew Thompson Jr. sheriff

Yo pensaba que la elección de los sheriffs era una leyenda urbana de telefilms de media tarde, pero en Clarksdale están de elecciones para elegir a su nuevo sheriff o re-elegir a Andrew Thompson Jr.  De vuelta en casa buceando en internet me he enterado de que el tal Andrew Thompson fue el primer sheriff negro del condado de Coahoma y ya se ha retirado después de 21 años de servicio.

Hay días que me gustaría poder elegir al sheriff de mi ciudad, aunque da miedo imaginarse unas elecciones a sheriff.

– Yo detendré a 200 inmigrantes ilegales.

– Yo a más.

– No, yo a más.

– No, yo.

Mejor dejar ese privilegio a los honorables ciudadanos del condado de Coahoma.

La foto preferida en Chicago: Cloud Gate o la alubia gigante

Desde su inauguración hace menos de 4 años, la escultura “Cloud Gate” se ha convertido en un icono para la ciudad de Chicago. De hecho, hoy por hoy es una de las fotografías preferidas por los miles de turistas que visitan la ciudad. Yo tuve la suerte de llegar a la ciudad del viento en medio del peor invierno de las últimas décadas, lo que me permitió disfrutar de esta mega-escultura casi en soledad, como si fuera uno de los últimos supervivientes de un viaje en el tiempo que hubiera descubierto los restos de una civilización alienígena.

Cloud Gate Chicago

La escultura se llama “Cloud Gate” (puerta a las nubes), aunque la ciudad de Chicago ya la ha bautizado como “The Bean” (la alubia) que es lo que parece en realidad: una alubia gigante. Acercarse a ella es espectacular: sus reflejos deformados del skyline te hipnotizan y por un momento el tiempo se detiene mientras pasas el rato dando vueltas por la superalubia como si idolatraras a un pequeño Dios. Dicen que con la luz correcta, el efecto es casi místico y no puedes distinguir donde termina la escultura y donde comienza el cielo.  Su autor, Anish Kapoor, pretende mostrar la ciudad desde una nueva óptica acercándola a las nubes que pueblan el cielo. En todo caso, si uno de los objetivos del arte contemporáneo es interactuar con el público, el “Cloud Gate” es un éxito rotundo.

Algunas cifras: 1o metros de alto por 20 metros de largo y un peso de 110 toneladas. En Chicago ha trascendido al arte público en sí y es considerado ya uno de los atractivos más destacados de la ciudad. El lugar es muy recomendable: estás a dos pasos del lago Michigan con el loop a tus espaldas y dentro del Millenium Park.

Pincha aquí para ver algunas fotos espectaculares del “Cloud Gate”.

Union Station: costillas, yonkis y un pirado

Escaleras Union Station

Union Station, Chicago. Obviaré los datos históricos y las referencias arquitectónicas y recurriré al tópico. Me he plantado frente a las escaleras donde cae el carrito de niños en Los Indomables de Elliot Ness, he intentado pensar en algo profundo durante unos segundos y después he ido a la cafetería a cenar algo. Es un sitio extraño pero pulcro. Con yonkis dando vueltas por los alrededores. Negros obesos cenan hamburguesas y un rubio de poco más de 20 años me pide cambio. Los ojos del crack. La mirada de la heroína de mi viejo barrio. Le he dado un dólar. Thank you buddy.

Ceno ribs cagatodo y salgo a fumar un cigarro. Se acerca un tipo negro con una botella empaquetada en una bolsa marrón. Da tumbos o quizás sea su bailoteo al andar. Es beboop callejero. Habla rapeando. Got a cigarrette? Le doy un pitillo y él deja la botella en el suelo. Chicago is shit man, no jobs… se queja de que no hay trabajo, que la gente no se para para ayudarle. Dice que lleva tres días tirado en la calle. No creo. Habría muerto congelado por el frío. Me pide cuatro dólares para ir a Cleveland, NY not Ohio. Le voy a dar uno pero cuando saco el billete ya me ha quitado uno de cinco. Habíamos acordado que me daba las vueltas, pero se hace el longuis. Se lo comento: we´got a deal man. Y el tipo con su you know man, money is coming and going, coming and going y bla bla bla… El tipo se suelta y empieza a cagarse en Chicago otra vez. Dice que va a asaltar un banco y cargarse unos cuantos tipos. Bang, bang, bang grita y simula que dispara con una recortada apuntando al suelo. Luego cierta confusión: el tipo me pregunta si me gustan las tías. Quiere un buen coño para follar (traducción literal), pan, pan, pan, y mueve las caderas.. Yo le entiendo a ver si necesito una chica y le respondo que no. El tío me dice si soy gay. Y yo que no que no. Me mira perplejo y suelta: Eih it´s one thing or the other. Do you like pussy or dick? There´s nothing else. Y yo: pussy, pussy. Pilla la botella, me da un abrazo y se larga.   

Los fanzines no han muerto en Chicago: Quimby´s Bookstore

En mi ciudad sigue expuesta una muestra que recuerda la edad dorada de los fanzines durante la década de los 80 en Euskadi. Aquí son ya parte de la prehistoria cultural vasca, por eso cuando me topé con esta tienda, Quimby´s Bookstore en el barrio de Wicker Park en Chicago, no podía creer lo que estaban viendo mis ojos. No es que los fanzines hubieran dejado de ser historia si no que eran puro presente. Supongo que será una de esas modas retro que algún día volverá a Euskadi.

Para los que andéis un poco perdidos en esto, os explicaré que los fanzines son unas publicaciones hechas a base de folios, impresiones caseras o fotocopias y grapas. Los hay más profesionales pero en esencia un fanzine es algo amateur que se supone que el mundo digital había liquidado. Pero al igual que existe un mercado para los vinilos y para las cámaras fotográficas analógicas, en este rincón de Chicago los fanzines mantienen una muy buena salud.

Quimby´s Bookstore from outside

La tienda, Quimby´s Bookstore está en el número 1854 de la West North Avenue. Es amplia y los dependientes no te miran mal si te tiras una hora y media entre libros y fazines. Como fue mi caso. Hay revistas de literatura, comics, algunos libros de fotografías y productos underground, pero lo que más sorprende es su amplía colección de fanzines. Puedes encontrar ejemplares de todos los Estados Unidos, desde cuatro folios mal pegados hasta auténticos clásicos en el mundo subterráneo del país.

Un fanático de los fanzines:

That Guy At Quimby's Was Totally a Zine For Halloween

Foto de Quimby´s

Los hay pequeñicos, sí:

IMG_3746Foto de Quimby´s

Y ahora una muestra de lo que me compré. Estos son extractos del “ZINE YEARBOOK 9”

El fanzine Criminally Yours bajo el título “El crimen me hace sentirme orgulloso de Baltimore“. El que haya visto The Wire ya sabe de que va.

Baltimore

Este es friki. Especial “Estrellas del Bowling de 1989

Bowling Stars

El número 2 de Shotgun Seamstress dedicado a los punkis negros.

Shotgun Seamstress

El número 2 de Rum Land y “Cómo hacerte tu propio cañón de patatas”

Rum Land

Más info | Página oficial de Quimby´s Bookstore

La tienda de discos de “Alta Fidelidad” existe en Chicago

Si te gustan las tiendas de discos, grababas cintas de música en tu adolescencia y eres adicto al olor de los vinilos, adorarás “Alta Fidelidad“, la peli en la que John Cusak regenta junto a un par de colegas Championship Vinyl, la tienda de discos más divertida de la historia del cine.

La peli abandona Londres, el escenario original de la novela de Nick Hornby, para trasladarse a uno de los barrios más culturetas de Chicago: Wicker Park. Un puñado de calles con buenas librerías, melómanos y vendedores de fanzines. Los productores de la peli alquilaron un local vacío en el númeo 1500 de la North Milwaukee Avenue de Chicago y montaron allí la tienda. Cuando terminaron la película se llevaron los trastos. Pero en esa misma calle puedes encontrar la tienda de discos más parecida a la de “Alta Fidelidad”. En el número 1532 está Reckless Records. Un mundo donde el imperio de las descargas no ha vencido. Vinilos de segunda mano, tipos agafapastaos ayudando a los clientes, algunos CDs en oferta y buena música de fondo. Estuve por allí un buen rato pero al final no compre nada. Me dejé la pasta en una tienda de fanzines de la que os hablaré esta semana.

Reckless Records

Foto de Patrick

MÁS INFO:

  1. Los lugares donde se rodó “Alta Fidelidad” en Chicago
  2. Un tour por el Chicago de la película.

Los últimos mohicanos de la era digital en el Gallery Cafe de Chicago

Un Pollock son “2 egg breakfast burrito” y un Monet “Smoke Turkey Breast“. No hay un Goya pero supongo que te servirían una chuleta sangrienta poco hecha. Esto es el Gallery Café. Un garito en el cruce de Wood Street y North Avenue en el barrio trendy de Wicker Park en Chicago. Café casero humeante y clientes con pinta de preparar una biografía de Virginia Wolf. La mayoría de ellos tienen sus portátiles abiertos. Una pareja conversa, uno frente al otro, con los dos ordenadores encendidos. El café está moliéndose en una cafetera sacada de Deadwood, mientras suena un grupo desconocido que canta en inglés y tiene una extraña voz parecida a Sr. Chinarro. Llegan los sándwiches de la pareja y cierran los portátiles. No hay sitio en la mesa. Cuestión de espacio. Todo es demasiado perfecto, demasiado silencioso, como si hubieran sido engendrados en un bunker biónico. Sólo desentonamos una tipa que lee una novela forrada de papel marrón y yo que escribo a boli sobre un cuaderno de cuero. Somos los últimos mohicanos de la era digital. Cuando vuelva a casa me compro un portátil.

Best Grandpa

Foto de stewie811

Información sobre GALLERY CAFE

  1. La página oficial del Gallery Cafe
  2. Lo que dicen sobre el garito en los foros y parece que gusta mucho.
  3. Kathleen Hale Monsters, una de las últimas exposiciones en el Gallery Cafe.