Las fiestas de Vitoria de 2012 en 7 artículos de El País

Este año he vuelto a escribir una columna de opinión en la edición de El País en el País Vasco durante las fiestas de Vitoria en agosto. En la mayoría de los artículos las fiestas han sido una excusa o el escenario para hablar de las cosas de la vida. Y siempre con ironía por un tubo. Ya sé que voy tarde pero aquí os dejo los artículos enlazados con el primer párrafo de cada uno de ellos. Por cierto, gracias a todo el mundo que los compartió en las redes sociales. Tres de ellos llegaron a estar entre las noticias más leídas de El País en Euskadi. “Faltan gunillas y urdangarines” fue el segundo artículo más leído del día.

¡Que se jodan!

Solo nos faltaba el paraguas. Ya teníamos el pintxo green, la cerveza green, la alfombra green y otras dos docenas de trastos green. Hasta habíamos arrancado musgo de uno de los ecosistemas más amenazados del mundo para montarnos una escultura en la Virgen Blanca. Con un par y la escultura monísima, por cierto. Y ahora toca el paraguas. Green. Y todo esto a cuento de que hoy Celedón se abrirá paso entre la multitud empuñando un paraguas verde. Sigue leyendo.

Faltan “gunillas” y “urdangarines”

Urdangarin nos ha defraudado. Para un famoso que teníamos en Vitoria, va Iñaki y se pone a flirtear con el talonmano y nos deja a los vitorianos huérfanos de papel cuché. Antes podías fardar de algo. Mira, ese que está al lado del Rey es de mi pueblo. Pero ahora, ni eso. Y en la tele apenas salen vitorianos. Alfonso Alonso aplaudiendo los recortes en el Congreso y poco más. Sigue leyendo.

Sin blanca en La Blanca

Está Vitoria sin blanca, con menos fuegos artificiales, menos toros y menos de todo, salvo espíritu de farra. Eso que no nos lo toquen, por favor. Aunque al paso que vamos, Merkel va a pedir toque de queda. Y no cuela que en Vitoria montemos las furgonetas de Mercedes mejor que en China. Excusas a Draghi, no. A la troika lo que le fastidia de verdad es que, mientras ellos duermen después de cenar queso desnatado, nosotros estemos todavía perreando en los bares y con aliento a colesterol. Para eso no hay austeridad fiscal que valga. Sigue leyendo.

Las fiestas están de Ramadán

No vean cómo está el patio. El gobierno de la ciudad recela de todo lo que no sea blanco. Y como se te broncee la piel demasiado y calces zapatillas de Prada, aunque sean de pega, te ponen en la lista de sospechosos habituales. El alcalde no quiere mezquitas, pero van las fiestas de Vitoria y caen en pleno Ramadán. El calendario es cosa de rojos y subsaharianos, ya se sabe. Menos mal que ha venido estos días a visitarnos el nuncio del Papa, un tal Renzo Fratini. Si no los sarracenos, nos birlan la Virgen Blanca, fijo. Sigue leyendo.

Sobrevivir a los quinquis

Pertenezco a una generación a la que en la adolescencia nos daban el palo los quinquis y ahora que somos adultos nos están dando el palo los mercados. Y a los quinquis por lo menos los veías venir y te chorizaban a cara descubierta. De los mercados no se puede decir lo mismo. Los mercados te navajean sin piedad y no sabes a quién escupirle de rabia. Y encima tienes que poner cara de que les estás haciendo un favor. Toda una fiesta. Sigue leyendo.

A Bilbao y Donostia hemos de ir

La última vez que pisé las fiestas de San Sebastián estaba enamorado. Y menos mal. Que uno va con la esperanza de desayunar un par de huevos fritos de gaupasa y termina a medianoche con cara de filósofo existencialista, un helado en la mano y arena de playa incordiando en las zapatillas. Sí, ya sé lo que me van a decir los donostiarras. Que la juerga padre es el 20 de enero. Y en eso les doy la razón. Una farra sin concesiones, claro que sí, pero lo de las fiestas veraniegas, como la Zurriola sin surfistas rubios, ni fu ni fa. Eso sí, aquel agosto de hace muchos años descubrí el helado de stracciatella y cuando lo contaba en casa me miraban como los de Castellón a los aviones: ¿Straccia… qué? En Vitoria hemos sido más de comer pipas, qué le vamos a hacer. Sigue leyendo.

Sin gaseosa y en la calle, por favor

Una boda no naufraga porque el novio se emborrache y la novia termine entre sollozos refugiándose en el baño. Ni siquiera porque el cura aspire a tertuliano de Intereconomía y se ponga en plan obispo de Alcalá a zurrar a los invitados que han venido de Chueca. A los curas nadie les hace mucho caso, la verdad. Y nadie debería de reprochar a los novios que le hayan sentado justo al lado del cuñado plasta con sus anécdotas sobre el sector de la máquina herramienta. A alguien le tenía que caer el muerto. Mala suerte, chaval. Que les quede claro, una boda se recuerda, y siempre para mal, si los invitados se quedan con hambre. Estas cosas antes no pasaban en Euskadi, pero la alta cocina ha invadido de tal manera nuestras vidas, que hay gente capaz de amargarte el bodorrio con las malditas medias raciones. El éxito está en el estómago de los convidados. El resto viene solo. Sigue leyendo.

Aquí tenéis los artículos del año pasado. Por preguntar.

Las fiestas de Vitoria de 2011 en 7 artículos de El País

Durante La Blanca, las fiestas patronales de Vitoria-Gasteiz, estuve escribiendo una columna diaria para el diario El País. Aquí os dejo los enlaces por si os interesan:

Chupinazo sin guiris

El efecto mariposa es lo que tiene. Una mañana, Ernest Hemingway visita Pamplona y, 70 años después, una pandilla de australianos hace cola para abrirse la cabeza saltando desde lo alto de una fuente. A Vitoria no vino Hemingway y eso nos salvó de pertenecer al selecto Club de la Farra Internacional y su reguero de dinero y cuota en los telediarios. Sigue leyendo.

La calle es nuestra

Hay fiestas en las que si no eres sobrino de alguien te vuelves a casa con las manos en los bolsillos. Está el fiestón flower-power de Ibiza en el que manda la billetera y que no se te vean demasiado los michelines. Y de las casetas de la Feria de Abril ni les cuento: cuanta más gomina, mejor. Sí, muchas fiestas adquieren relumbrón en la medida en que hay más gente fuera que dentro. Sigue leyendo.

Para punkis, los de antes

Hubo un tiempo en que no existían los móviles y sabías con quién comenzabas la noche, pero no con quién ibas a llegar a meta. En nuestro siglo, se potea a una llamada telefónica de la gente de siempre y el guión se cumple a rajatabla. Demasiado previsible. Eran los tiempos en que los leones del circo asustaban que no veas, y no ahora que, gracias a Alex de la Iglesia, los que acongojan de verdad son los payasos. Y eran también las fiestas en que los punkis venían como hordas, se hospedaban en los parques e inquietaban casi tanto como los leones. Sigue leyendo.

Adictos al pasado

Hace 20 años estaba de moda una canción de Celtas Cortos que, sin ser pachanguera, se dejaba bailar. La algarabía adolescente se desataba a la señal de 20 de abril del 90, pero la historia que contaba era un puñetazo en el estómago. “Hoy no queda casi nadie de los de antes, y los que hay, han cambiado”, insistía el estribillo. En esa edad de eternidad desbocada, la canción era una más del repertorio festivo, pero cuando los años empezaban a entristecer las borracheras, llegaba el día en que comprendías su sentido real. Ese día habías perdido la inocencia. Sigue leyendo.

Fiestas sí, pero no 

Como a todo en Vitoria, también a las fiestas de la Virgen Blanca les han salido detractores. Todavía no se ha conformado una plataforma, pero todo se andará, que voluntarios no faltan y llevar la contraria siempre ha estado bien visto en la ciudad. Poner pegas es todo un deporte local. Una tradición. Con razón o sin ella, en Vitoria sabemos decir no con estilo. Sigue leyendo.

Este año no hay canapés

Estas fiestas lo que se llevan son los recortes. Ni el meneo de Jennifer López ni los globos de Bob Esponja ni el Gari, Gari, Garitano que arrasa en las pistas de baile abertzales. Los recortes son lo más de lo más. El alcalde de Vitoria, Javier Maroto, se ha ventilado de una tacada el gorroneo institucional en los toros y el teatro y ha desarticulado el tráfico municipal de invitaciones. Sigue leyendo.

Normalidad por ley

Vitoria ha vuelto hoy a la normalidad, aunque lo que de verdad quisiéramos es que nos sorprendiera la normalización. Y que el año que viene Alfonso Basagoiti y Martin Garitano se dieran la mano en la balconada de San Miguel de Vitoria, aunque solo fuera eso, simplemente saludarse. Y el resto ya lo intentaríamos arreglar entre todos los demás. Sigue leyendo.