En medio de ninguna parte. O mejor dicho a medio camino entre Huay Xai Luang Prabang. En Pak Beng, la parada obligada de las barcazas que cruzan este tramo del Mekong en Laos. No es más que una calle rodeada de pensiones, penumbra y cada vez más pensiones en construcción. Estoy un poco borracho. Van 2 cervezas Beerlao de medio litro cada una. Y no llegan a un euro. No tengo hambre. Como lo justo para tomar las pastillas de la malaria. Y parezco el único preocupado en que le piquen los bichos. Debe ser que en EEUU no hay seguridad social que les avise. O que son unos intrépidos. Pero el caso es que la barcaza en la que he llegado hasta aquí va llena de guiris en pantalón corto y tirantes. Como mucho se dan crema de sol y punto. Ni antimosquitos ni profilaxis contra la malaria. Así se conquista el mundo entero: soplándoles una vaina lo que les pueda ocurrir.
A Pak Beng se llega después de un día entero navegando el río Mekong en una barcaza que parte de Huay Xai, la ciudad fronteriza con Tailandia. Es tan fácil como dormir en Chiang Rai, tomar un autobús a Chiang Khong y cruzar el río. Y ya estás en Laos. La frontera de un país comunista puede parecer hermética, pero esto más que el blindado acceso a la República Popular de Laos parece el primer día de un campamento escolar. Los militares no dan el alto, tienes que ir a buscarlos. Antes incluso de tener tu visado ya tienes a tipos encima intentando colocarte en un autobús a Luan Nam Tha. Todavía aturdido (se supone que estoy en Laos ¿y ahora qué?) noto a alguien que se me acerca por la izquierda. Es una enfermera con mascarilla que me toma la temperatura. No problem. Adelante. Hago el papeleo. Los militares están despreocupados. Vamos, tocándose los huevos. Supongo que no se esperan una invasión desde la costa tailandesa. Y luego cambio el dinero y por primera vez en mi vida soy millonario. El cambio es de locos y no se donde meter tanto dinero. Parece que acabo de vender medio kilo de cocaína. Pues sí, ya estoy en Laos. Continue reading
