¿Unos grandes almacenes son un lugar turístico? El caso de Harrod´s en Londres

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Si no entras a unos grandes almacenes para comprar algo, estás allí por tres razones diferentes:

1. Porque estás buscando los baños para salir de un aprieto.

2. Porque estás buscando los baños para hacer el amor.

3. Porque directamente vas a atracar los grandes almacenes.

En eso estoy pensando mientras paseo con Marchena y Antxeta por Harrod´s en el centro de Londres con cara de soy-un-turista-y-no-voy-a-comprar-nada. Hace una media hora estábamos charlando en la calle sobre si entrar o no en Harrod´s:

- Vamos para Harrods ¿no? –ha dicho Antxeta. Marchena y yo no estamos muy por la labor.

- Es como visitar El Corte Inglés -digo más por llevar la contraria que por otra cosa.

- No es como El Corte Inglés.

- Lo importante es el concepto. Si no te molan unos grandes almacenes como El Corte Inglés, tampoco te va a molar Harrod´s porque sea mejor.

Al final hemos entrado y el lugar tiene su gracia. Cuando pasamos por el área de alimentación, Antxeta me suelta señalando a un mostrador:

- Mira ahí. ¿A que en el Corte Inglés no hay un tipo con sombrero ordenando anacardos?

Y la verdad es que tiene razón. En El Corte Inglés no hay tipos con sombrero ordenando anacardos. De hecho, en El Corte Inglés no hay hombres ordenando nada. En El Corte Inglés los dependientes hombres se pasean en traje y las dependientas mujeres son las que ordenan todo.

ALGUNOS ENLACES:

1. La página oficial de Harrod´s.

2. La historia de Harrod´s.

Brixton, Londres: Reggae, cerveza, sangre y una cena eritrea

Hemos llegado media hora antes de lo previsto, pero el colega al que esperamos ya está merodeando en las afueras de la estación de metro. Estamos en Brixton, el barrio afro-caribeño de Londres, fuera de las rutas turísticas de la ciudad. Y como todo lo que se sale de los márgenes de los mapas, como todo lo que está al sur y todo lo que no es una tez blanca, Brixton tiene mala fama. Peligrosa y borracha, pero a la vez diversa y con interesantes raíces musicales.

Pateamos rápido por las calles cercanas al metro. Como si llegáramos tarde a alguna parte aunque todavía quedan casi tres horas para la cita que tenemos con la mujer del colega. Es domingo por la noche y el mercado está tranquilo. Casi todo cerrado, salvo las carnicerías orientales, sin clientes, y con todos esos animales descuartizados colgando de las paredes.

Carniceria Brixton Market

Brixton - mercado

Ahí vamos charlando de nuestras cosas, cuando el colega nos cuenta:

-    El otro día hubo una fiesta en nuestro edificio. Una pasada. Había sangre en el pasillo, ruidos por todas partes, un charco de meada

Varios segundos de silencio y sigue:

-    Mis amigos creen que vivo en el Bronx, pero no es para tanto.

Si él lo dice.

Atravesamos varias calles de casas bajas, salones iluminados y pantallas planas de miles de pulgadas. No debe ser tan jodido este barrio si puedes tener una casa de techos altos con una tele en alta definición. Una de esas calles oscuras desemboca en un pub que corona una esquina solitaria. Lo primero que llama la atención del garito es que hay blancos y negros. No sólo blancos. No sólo negros. Juntos pero no revueltos aunque blancos y negros al fin y al cabo. Los blancos tienen cara de alcohólicos y los negros van bien vestidos. Los blancos beben cerveza sin parar y algunos negros están comiendo pollo con arroz. Aunque ahora que lo recuerdo hay una pareja extraña, de esas que parecen haber vivido mucho, que esta al fondo del pub junto a los baños. El blanco. Ella negra.

Las pintas caen una tras otra. Paro a la tercera cerveza. “Red Stripe”, jamaicana. La música aparece después de que termine un partido de la Premier League. Pinchan reggae haciendo honor a la cerveza y a la tradición del barrio. Cuando más tarde salgo a la calle a fumar un cigarro se me acerca un rastafari pidiéndome tabaco. Así es Brixton.

Londres - Red Stripe en Brixton

Cambiamos a otro pub, pero la magia se va por el desagüe. Están poniendo un reality por televisión y hace frío. Mientras esperamos a su mujer, el colega nos cuenta:

- Tengo un amigo en Londres que por las mañanas se mete en la página web del Marca y copia los artículos a un archivo de word. Un pequeño truco para que sus compañeros se crean que está trabajando en algún informe cuando realmente se pasa la mayor parte de la mañana leyendo el Marca. Y cuando se larga de la oficina, imprime los artículos deportivos que le han quedado por leer. Siempre quedas bien si te llevas trabajo a casa, me suele decir. Un auténtico crack.

Londres - Restaurante Asmara

Ha llegado su mujer y nos vamos a cenar a un restaurante eritreo. El Asmara se llama. En realidad pensábamos que era etíope, pero en el mapa que preside el comedor queda bien claro. Restaurante eritreo. Nos sentamos alrededor de una mesa y pedimos el menú con un poco de todo. Sobre una especie de pan de crep llamado injera está la comida, cordero y pollo (derho alicha) con diferentes salsas, casi todas picantes, picantes normal o picantes de llorarte los ojos. Se come con las manos. En concreto, con la mano derecha porque la izquierda es para lavarse el culo. Dice la tradición, según nos cuenta el colega.

-    Mi chica es zurda y cuando estuvimos en África cogía la comida con la izquierda. Dormíamos con una familia de allí y cada vez que lo hacía, digamos que surgía cierta tensión.

Brixton - Comida eritrea en Asmara

Así que nos llevamos la comida a la boca con la mano derecha. Cojonuda. Muy buena de verdad. Sobre todo si te gusta la comida especiada o algo que sea diferente. De postre café aromatizado y una conversación surrealista en italiano con la dueña del Asmara. Y para casa. Bye, bye, Brixton.

Cómo llegar a Brixton

Fácil. Toma la línea azul (Victoria Line) del metro hasta la última parada al sur de la ciudad. La parada se llama Brixton.