foto de Perrimoon
Los viajes organizados por las agencias pasan de largo de Nápoles. Como mucho, dedican un rato a la ciudad antes de tirar para Sorrento o las ruinas de Pompeya. A las agencias no les gusta Nápoles porque es caótica, sucia, bulliciosa y peligrosa. Y por estas mismas razones debería ser una visita imprescindible.
Lo primero que deberías saber de Nápoles es que las reglas de tráfico son simplemente una declaración de intenciones que nadie tiene intención de cumplir. Un semáforo en rojo es una buena iluminación para Navidades y punto. Cruzar la calle se convierte en un slalom olímpico y cuando vas por la acera las motocicletas te rozan los brazos. Me lo comentaba el otro día un amigo periodista mientras tomábamos unas cañas por el centro de Vitoria: Te lo juro Iker, en Napoles he visto a un ciego en motocicleta con un perro-guía marcándole el camino. Mi colega tiene familia por allí y ha estado en un par de ocasiones. Compartimos impresiones del Quarteri Spagnoli, uno de los barrios más pobres de Italia bajo la influencia de la Camorra. Nos dijeron que no entráramos all, íbamos unos cuantos, pero nos avisaron de que los chorizos obstaculizan la salida de la calle cruzando un par de coches y luego te roban todo lo que llevas encima, pero al final estuvimos paseando por el Quarteri. Y yo también. Calles estrechas, viviendas de una habitación, la ropa tendida en la calle, gente joven sin ocupación aparente, las motos zumbando. En definitiva, la vida en su esencia. Peligrosa pero emocionante. Si vas al sur de Italia, de verdad dedícale aunque sólo sea un día a Nápoles. Las calles muertas de Pompeya son extraordinarias, pero las calles vivas de Nápoles no le andan a la zaga.













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